Desconfíen siempre del Gobierno

Entre Andorra y Puerto Rico

La falta de altitud de miras está muy extendida entre nuestros connacionales y, aún más, entre nuestros políticos. Uno de los casos más evidentes es el de algunos políticos catalanes y, aún más, el del señor Mas. Hace unos años planteó la posibilidad de que las federaciones deportivas catalanas compitieran bajo bandera de Andorra si no se les permitía hacerlo bajo la suya propia, que en su opinión no era la española. Ahora, habla de convertirse en un estado libre asociado a España. No es por nada, pero si toda su ambición para con la tierra que tanto ama es convertirla en un pequeño paraíso fiscal o en Puerto Rico, mejor sería que se dedicara a otra cosa donde sean menos evidentes sus limitaciones. Sin embargo, como estamos tan necesitados de emociones aún más fuertes que las anteriores que ya no somos ni capaces de imaginar lo que nos depara el futuro, ni lo que los políticos contribuirán a ello, un individuo como Mas parece tener futuro. Es más, probablemente lo tenga. La política ya no es sino pura emoción. La racionalidad ha desaparecido del debate público. Y lo que es peor de todo: nos gusta, porque lo inmediato, lo urgente, nos mantiene distraídos de lo imperecedero, de lo importante.

Así que, en un país al borde la suspensión de pagos, en lugar de una discusión racional sobre el volumen de gasto público que nos podemos permitir y la consecuente ordenación en orden de preferencia en la aplicación de dicho gasto, preferimos dedicar nuestros esfuerzos a argumentar y contraargumentar sobre las ventajas y desventajas de la secesión catalana. Mientras tanto, y como ya les comentaba la semana pasada, pasa casi desapercibido el hecho de que el déficit de la Administración Central del Estado, desde este martes con datos al cierre de agosto, ya supera el límite anual.

También nos gustan Argentina y Grecia

Está claro que mientras las autoridades catalanas están eligiendo entre ser Andorra o Puerto Rico, las españolas parecen decididas a optar por ser Argentina, cuarta potencia económica mundial en los años 40 del siglo pasado, y los indignados por ser Grecia. En algo de nuestra actitud parece claro que seguimos siendo españoles aunque no queramos: no nos ponemos de acuerdo en lo que queremos llegar a ser. La verdad es que no dejaría de resultar sorprendente que una nación tan antigua tenga estos accesos de adolescencia, si no fuera por la falta de madurez que demuestra una clase política consentida por una población que sólo le exige que le cubra unos gastos mínimos que cifra en un importe muy alto y que no comprende que los paga ella misma, en cualquier caso.

No nos gusta Alemania

Los alemanes, esos señores ricos sospechosos, por ello, de algo o, en el mejor de los casos, sin mérito alguno, porque ya se sabe que ser rico trabajando no tiene mérito alguno, como aprobar estudiando, no nos gustan. Sin embargo, nos han mostrado el camino que conduce de dos ruinas económicas, tres si sumamos la de la su parte socialista hasta 1989, hacia el éxito económico.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba