Fútbol internacional

El picarón gesto de Butragueño que delató el 'perjudicado' estado de Maradona

El exjugador argentino, ídolo supremo en Nápoles, vivió unas horas de desenfreno en Madrid.

Maradona llega a la comida que las directivas del Real Madrid y el Nápoles celebraron antes del partido.
Maradona llega a la comida que las directivas del Real Madrid y el Nápoles celebraron antes del partido. EFE

Los aficionados del Nápoles, casi 4.000 dentro del estadio Santiago Bernabéu y otros tantos sin entrada en los aledaños del campo del Real Madrid, vivieron con euforia el partido que disputó su equipo frente al conjunto blanco, que tuvo que aguantar a una hinchada que aporta mucho ruido y un recuerdo constante a Diego Armando Maradona.

Por lo menos así se reflejó en las calles que rodean al estadio Santiago Bernabéu. El espíritu de Maradona está en muchísimas camisetas de los aficionados del Nápoles. También en sus cánticos y en sus gritos de guerra. "¡Ma-ra-do-na, Ma-ra-do-na!" suena a menudo entre los "tifosi", que aún recuerdan el paso del jugador argentino por el Nápoles en los años 80.

Los taxistas de Madrid fueron prevenidos por la presencia de billetes faltos entre algunos hinchas del Nápoles

Y es que el Pelusa estuvo en el palco del estadio del Real Madrid. Fue el jugador número 12 después de un par de días movidos en la capital de España. Antes de acudir al estadio, acudió a la tradicional comida entre las directivas de ambos clubes.

El almuerzo, celebrado en el Restaurante Zalacaín, se prolongó durante casi cinco horas. Comida y bebida en abundancia. Y por lo visto, Maradona no se privó de nada. Numerosos periodistas esperaban al argentino a la salida, y este, balbucente y somnoliento, apenas pudo responder a dos o tres preguntas. Con todo, la mejor descripción del estado en el que terminó El Pelusa la realizó Emilio Butragueño. Y sin necesidad de hablar:

Como solía hacer cuando sembraba el pánico en las áreas a base de latigazos sutiles, al exfutbolista madrileño y actual director de Relaciones Institucionales del Real Madrid le bastó con un guiño de ojo y una leve sonrisa para confirmale al mundo lo que ya sabía: Maradona, otrora monarca absoluto del fútbol, hoy sigue siendo triste protagonista sin pisar el césped.

Sin incidentes

Pese a ello, los 4.000 aficionados del Nápoles que entraron en el Santiago Bérnabeu respetan a su ídolo. Los únicos títulos importantes del conjunto italiano llegaron cuando Maradona jugó en el cuadro napolitano. Él fue el protagonista de las dos Ligas, de la Copa, la Supercopa y la Copa de la UEFA que ganó el Nápoles.

Al contrario que los aficionados del Legia Varsovia polaco, que provocaron incidentes con la policía cuando visitaron al Real Madrid en la fase de grupos, los del Nápoles no dieron problemas. Aparentemente, la entrada al estadio la hicieron de forma controlada por la policía y sin incidencias que reseñar.

Los cuerpos de seguridad del estado presentaron un dispositivo amplio para evitar cualquier atisbo de violencia por parte de los aficionados napolitanos.

Cerca 2.100 efectivos, 500 más de lo habitual y entre los que se incluyeron componentes de la Brigada Móvil, de Caballeria, Unidades de Intervención Policial, Guías Caninos, personal de Subsuelo y de la Oficina Nacionadl del Deporte, Policía Municipal, Samur, Cruz Roja y auxiliares de seguridad del Real Madrid. Solo la policía tuvo que hacer una advertencia: los taxistas fueron prevenidos por la presencia de billetes faltos entre algunos hinchas del Nápoles.

Entre todos consiguieron que los hinchas del conjunto italiano entraran en el estadio merengue sin ningún problema. Después de reunirse en la Avenida de Brasil, fueron acompañados hasta los tornos del fondo norte, donde se instalaron para hacer mucho ruido desde el calentamiento de los jugadores blancos, a los que silbaron de manera estruendosa.

También subieron los decibelios cuando sonó por megafonía el nombre de Cristiano Ronaldo, a quien pitaron sin piedad, para aplaudir y corear la alineación del Nápoles, que intentará lograr un buen resultado para el partido de vuelta.

Mientras, en las tripas del Bernabéu, Maradona volvió a pisar el vestuario del Nápoles, esta vez para la última arenga a los jugadores del conjunto italiano.

Después, sonó el himno del Real Madrid, el de la Liga de Campeones y comenzó un partido muy diferente al único oficial que disputaron en 1987 ambos equipos en el estadio Santiago Bernabéu.

Si entonces imperó el silencio por la falta de público a causa de una sanción, 30 años después el ruido ensordecedor de los hinchas del Nápoles cambió la historia de hace décadas. El ruido y Maradona fueron sus señas de identidad.


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