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La injusta situación de Del Bosque: las carencias que antes eran un sacrilegio cuestionar, ahora se airean

La regeneración de la selección española de fútbol pasa en primera instancia por quién será -o seguirá siendo- el seleccionador. Para un equipo que venía de ganar Eurocopa-Mundial-Eurocopa, la eliminación en la fase previa de la Copa del Mundo de Brasil representa, además de un fracaso, un evidente cambio de ciclo. Cambio, que no fin, salvo que todo se precipite y España decida volver a ser toro y no torero, que diría Menotti.

Después de que desde la Federación se dejara claro que cuentan con Vicente del Bosque, es el propio técnico salmantino quien debe tomar la decisión de cumplir su contrato, el cual se extiende hasta la Eurocopa de Francia 2016, o extinguirlo y dar paso a otro entrenador que recoja su testigo. El salmantino, con sus pros y sus contras, se ha ganado el derecho a decidir y gestionar su futuro y, por extensión, el de la Roja.

"No tenemos ningún plazo. El presidente, el secretario general y yo hablaremos y buscaremos la mejor solución para nuestro fútbol con sensibilidad y con sensatez. Haremos lo mejor para nuestro fútbol", explicó Del Bosque tras ganar a Australia (0-3) para despedirse honrosamente de Brasil. Y así es. Más importante que mantener a una serie de futbolistas o al propio seleccionador es perpetuar un estilo de juego que, no sólo ha dado gloria al fútbol español, sino que también lo ha convertido en envidia y referencia mundial.

El riesgo de querer cambiarlo existe, y no es cuestión de tirar de refranero para recordar aquello de lo bueno por conocer. "Hay que dar paso a otra fase de clasificación y, sea quien sea el seleccionador, el futuro está a salvo", aseguró Del Bosque con la templanza que le caracteriza, para añadir que "hay que estar con tranquilidad de cara al futuro".

Como era de esperar cuando los triunfos no lo tapan todo y a todos, las derrotas ante Holanda y Chile han destapado las carencias que antes ya existían, pero que o no se veían o se omitían. Se saca punta a cualquier decisión que de haber sido acompañada del éxito habrían sido elogiadas. De Vicente del Bosque se dice y se escribe ahora que el vestuario se le fue de las manos, que no es un motivador, que se equivocó al confeccionar su lista de 23, que el equipo ha perdido la identidad... Por cuestionarse, se ha cuestionado hasta el lugar de concentración. Eso sí, todo a posteriori. Eso sí, de fútbol, poco o nada.

Del Bosque heredó un estilo de juego que Luis Aragonés descubrió por casualidad -gracias eternas a Koeman por privarle de seguir llevando a Albelda- y supo llevarlo a la consecución del Mundial de Sudáfrica y de una segunda Eurocopa consecutiva. "Desde que llevamos en la selección han pasado seis años. Hemos sido primeros en el ranking FIFA, es un grupo que ha hecho escuela, han sido buenos jugadores y ahora nos ha tocado perder", este es el balance que hace Vicente para recordar sus méritos, que los tiene.

Si algo le ha podido faltar al salmantino es un entorno que en lugar de adularle permanentemente y elogiar sus virtudes, le ayudara a limar sus defectos y tomar decisiones que tarde o temprano hay -o había- que tomar. Del Bosque ha sido demasiado complaciente o generoso con unos futbolistas que le dieron todo y a los que por ello no ha querido quitarles nada.

Lo que ha hecho es muy humano y basta con ponerse en su piel para entenderlo: dejar que los mismos jugadores que llevaron a España a lo más alto demostraran que su ciclo se ha terminado. Lo dijo Xabi Alonso: "Los cambios de ciclo llegan con las derrotas". Las carencias de Del Bosque son las mismas que tenía cuando la Roja fue campeona del mundo. La diferencia es que entonces parecía un sacrilegio cuestionarlas y ahora hay barra libre paraairearlas.


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