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Crónica de una tarde desangelada: el día que el Frente desapareció del Calderón

Estado de sitio en el fondo del Calderón, en el que se han borrado los murales y pintadas del grupo ultra en las tripas del estadio. Triple control policial en el fondo, bufandas requisadas del Frente y derrota en una tarde lluviosa y extraña en la que el equipo no fue capaz de enganchar a la grada.

El día que el Frente Calderón desapareció del Vicente Calderón fue frío, desangelado, como anticipo de lo que el Atlético desplegaría en el campo. Declarado el estado policial en el coliseo rojiblanco, con 740 efectivos de diferentes cuerpos presentes, los aledaños del Manzanares vivieron una tarde extraña y silenciosa.  

Desde el primer momento se vio que no era un día cualquiera. ‘Lecheras' apostadas en el lado del Frente, controles a diestro y siniestro, policías a caballos en la bajada hacia el estadio, prisas de los aficionados que se iban acercando al campo. El dispositivo policial había dispuesto tres controles en el fondo, epicentro violento del Calderón según los informes policiales. El primero confirmaba que el aficionado era titular del abono que portaba, el segundo era el habitual y el tercero un cacheo de la policía en el que se comprobaban hasta las bufandas, para que no entrase ningún tipo de simbología relacionada con el Frente Atlético. 

El dispositivo policial había dispuesto tres controles en el fondo, epicentro violento del Calderón según los informes policiales 

Tomada por el club la decisión de desterrar al Frente Atlético, la jornada de ayer demostró que la orden no era un brindis en la halaría. En las tripas del campo las pintadas del grupo ultra habían desaparecido bajo una inmaculada mano de pintura blanca. En la grada ni una sola mención o referencia al grupo que llevaba más de 30 años en el fondo del Calderón. Ni una referencia del Frente Atlético, nada del Escuadrón Rojiblanco, uno de los grupos señalados como posible heredero del grupo ultra. Entre los aficionados había consenso, “si de verdad esto sirve para que desaparezcan los violentos del campo, asumimos estas incomodidades como necesarias”. 

El partido arrancó frío, con demasiadas bajas en las gradas. A diferencia de otros días, esta vez le tocaba al equipo de Simeone tirar del carro y enganchar a los aficionados. En las jugadas en las que subían las revoluciones del partido, el público se animaba. Había ganas de celebrar, pero el Villarreal no era un convidado de piedra y su mediocampo desplegaba su desparpajo habitual. 

En las tripas del campo las pintadas del grupo ultra habían desaparecido bajo una inmaculada mano de pintura blanca

La nostalgia y el escepticismo se mezclaban en una atmósfera lluviosa protagonizada por paragüas y chubasqueros. Al descanso se llegaba con una sensación incómoda, por lo que ocurría en la grada y por lo que pasaba en el campo. Asenjo, un ex atlético, mantenía a raya al Atlético, pero las contras de Trigueros, Bruno, Cherishev y Vietto hacían trabajar a Moyá. 

En la segunda parte, Simeone, macho alfa atlético, encendía a la grada a la salida de un córner. El Atlético apechugaba a su rival y el Cholo pedía a su público que empujase cuando Mandzukic anotaba un gol después de que Arda frotase la lámpara. Pero el gol fue anulado por fuera de juego, por un cuestionable empujón del croata. Se disparaban los decibelios, con los pitos del respetable.  

Y cuando el partido enfilaba su recta final, un balón profundo de Moi Gómez para Vietto hizo estallar el fortín del Calderón, que no veía ganar a un visitante desde mayo de 2013. La derrota cerraba una jornada histórica en el Manzanares. Horas después de que Sabina se retirase convaleciente del escenario, el Atlético volvió a perder en el Manzanares el día que el Frente Atlético desapareció del Calderón...


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