Deportes

Tom Brady gana la Superbowl con los Patriots y agranda su leyenda por solo unos centímetros

Cuarto título del quaterback, a sus 37 años, que iguala los anillos de Joe Montana y supera su récord de pases de touchdowns en finales.

Tom Brady, quaterback de New England Patriots.
Tom Brady, quaterback de New England Patriots.

Será por Brady o no será. Hay jugadores que están llamados a la gloria. Pueden tener malos momentos, pueden dudar y ser vulnerables. Las leyendas tienen que caer para poder levantarse y demostrar su fortaleza. Brady lo ha demostrado tantas veces que sería inútil no reconocérselo. El mito de Nueva Inglaterra le dio a los Patriots un nuevo título, el cuarto de su carrera. Y fue, además, en uno de los mejores partidos que se hayan visto nunca.

Ganar por cuarta vez le pone a la altura de Montana y Bradshaw, la cúspide del fútbol americano. Nunca parece distraerse, su capacidad de sacrificio es bien conocida y conseguir un título a los 37 años, diez después del tercero, delimitan bien el tipo de jugador que es.

Empezó la Superbowl bien, en su mejor versión. Controlando el partido, con pases cortos y medios, jugueteando con la excelente defensa de Seattle. Los mejores quarterbacks son los que tienen un ojo en sus compañeros, otro en los rivales y la cabeza en el reloj y el ritmo de juego. Él es uno de esos, de los que no utilizan las piernas más que para asentar el siguiente disparo. No pertenece a ese mundo moderno de corredores con físico privilegiado, él es un mariscal a la antigua, de brazo y vista.

Los Patriots perdían por diez puntos al entrar en el último cuarto. Un invitado sorpresa, Chris Matthews, había sorprendido a su defensa.

De todas las cualidades la mejor es su carácter, la que en Phoenix le permitió no perder los nervios a pesar de que el partido se había puesto muy complicado para su equipo. Estaban perdiendo por diez puntos y entraban en el último cuarto. Un invitado sorpresa, Chris Matthews, había sorprendido a la defensa de los Patriots. La ofensiva funcionaba, pero no lo suficiente para eclipsar a la defensa del rival. Incluso tuvo errores importantes Brady, que se topó con dos intercepciones de los Seahawks.

Todo estaba en su contra y, sin embargo, volvió a aparecer. Con calma, como un témpano de hielo. Pases cortos, alguna carrera, controlando el tiempo. Dos touchdowns consecutivos, ayudado por una buena defensa que logró parar el ataque de los de Seattle. Brady, impertérrito, nunca perdió la fe. Cuatro fueron los touchdowns que convirtió, superando así la cifra de anotaciones en el gran partido que hasta el momento tenía, cómo no, Joe Montana.

Se retirará algún día, cuando el físico falle, y podrá pensar que no hubo otro como él. Las dificultades del partido se parecen mucho a las de su carrera. Cuando era joven empezó fortísimo, ganando tres Superbowls casi consecutivas. A los 27 años ya había vivido más que nadie. A partir de ahí dejó de ganar. Perdió dos finales, una cuando su equipo no había hecho más que ganar en toda la temporada. Ambas contra los New York Giants, un equipo a todas luces peor que sus Patriots. No perdió la fe, como en la Superbowl de Phoenix, Brady no cejó en su empeño, siguió intentándolo y, una década después, consiguiéndolo.

Los de Seattle lo tenían, estaban al lado de la línea de gol y no necesitaban prácticamente nada para revalidar su título

Y a punto estuvo de volver a perder. En sus derrotas siempre le giró la cara la suerte, pasaron cosas increíbles. Como imposibles fueron los últimos dos minutos, con una jugada rapidísima de los Seahawks y una recepción de Kearse que quedará para siempre en la memoria de los que lo vieron. Los de Seattle lo tenían, estaban al lado de la línea de gol y no necesitaban prácticamente nada para revalidar su título. Lo normal hubiese sido correr, no arriesgar, lograr la anotación que parecía segura. Pero tomaron el riesgo y perdieron. Una intercepción de Butler, también sobrehumana, devolvió el balón a los de Foxboro y, con ella, el cuarto título a Brady. Los nervios no inmutaron la cara del ídolo. No parece de este mundo. 

Junta él, en su carrera, siempre estará Bill Belichick. La XLIX Superbowl le ha catapultado como el entrenador con más títulos en su haber. Aunque en la final se vio sobrepasado en defensa por las argucias de su rival, Pete Carroll, él nunca desfalleció. Sabe más de este deporte que nadie, se ha inventado tantas jugadas que no caben muchos entrenadores. Recientemente un reportaje mostraba su biblioteca, no es probable que haya muchas que tengan más títulos de fútbol americano que la suya. Alguien así, con tanta ambición, con una obsesión tremenda por su deporte, está llamado a ser un grande. Belichick, el tetracampeón, quedará siempre por sus momentos brillantes, pero eso solo fue posible desde el estudio y la reflexión, desde el amor absoluto al juego. Son pocos los que resisten tanta dedicación, los que lo logran son los que marcan la pauta.

La final tuvo tantos tumbos, tantos cambios, que parece increíble que no haya dos campeones. Los Seahawks, campeones un año antes, estuvieron a centímetros de repetir. Cuando el deporte se mide en centímetros es que han pasado cosas muy grandes. Como grande es Brady, como grande es Belichick. 


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba