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La pasión del Atlético deja al Madrid contra las cuerdas en la Copa

Los goles de Raúl García y Giménez dejan a los de Ancelotti al borde de la eliminación.

Giménez celebra el segundo gol ante el Real Madrid.
Giménez celebra el segundo gol ante el Real Madrid.

La Copa es una paradoja en sí misma. Por un lado se ven alineaciones estrambóticas, plagadas de suplentes, como si los entrenadores quisiesen decir que es una cosa menor. Luego, cuando entran en el campo, cambia la película, más aún si es un derbi. La intensidad, por más remiendos que tengan los equipos, la dan los escudos antes que las consignas de vestuario.

En ese entorno reina el Atlético, que desde que llegó Simeone tiene un master de control de las emociones. Son el equipo más perfecto que existe en rentabilizar  la pasión. Es su mejor arma, lo que les iguala con equipos que, sobre el papel, son mejores. Al Madrid, en los últimos tiempos, le tiene absolutamente tomada la moral. Los blancos, que habitualmente empiezan bien, con cierto ritmo, se ahogan en los esquemas del Cholo y pierden el oremus en la dialéctica del corazón.

Esto de la intensidad, un hecho tan preciado, se puede ver también desde el punto de visto futbolístico, o, en la ausencia de él. El Atlético no está muy preocupado por cosas como el control del balón, que lo deja descaradamente al rival si este es más grande. Jugando en casa y siendo el campeón de Liga alguno podría esperar algo más de ellos, pero es más un deseo que una posibilidad real. Simeone se dejó en el banquillo a seis titulares, algunos del rango de Koke, Arda o Mandzukic, pero la jugada le salió a la perfección. Se va con 2-0, un resultado que suena a gloria en una eliminatoria a doble partido.

En las tácticas del Atlético también está el deseo de crear bulla, no siempre con corrección. En eso el más habitual es Raúl García, experto en marrullerías que provocó un penalti (bien pitado) y no se dejó una guerra por batallar. Aunque el Atlético juega más con el filo del reglamento, fue un madridista el que peor servicio le hizo al fútbol. Arbeloa le plantó los tacos a Gabi, por la desesperación típica suya. No tiene ni calidad ni cabeza para jugar en el Madrid y solo sus golpes en el pecho –que tanto gustan a algunos– le mantienen como miembro de la plantilla. Lo normal hubiese sido que jugase Carvajal, que es mejor que él y, de todos modos, tiene que descansar por sanción el próximo sábado. 

El Madrid, derrotado, se encuentra en una encrucijada en este enero. Llega corto de forma y se sabe con la Copa perdida. Dos partidos seguidos derrotado son un agujero negro, aunque los buenos resultados de los últimos meses le dan cierto crédito. La eliminación, que es probable, es algo que el Madrid no se puede permitir como club (no tiene un presupuesto que le permita tirar nada) pero igual sí que le da el físico para el resto de la temporada, que no es cuestión menor al ver como han llegado a este invierno sus principales jugadores. Ni Bale, ni Benzema, ni Kroos, ni James, ni Isco. Como estarán las fuerzas para que Cristiano, el que jugaría hasta con el filial, se quedó en el banquillo descansando.

Muy poco hizo el Madrid, por más que tuviese el balón. El Atlético, primero con velocidad y luego con fuerza, dominó a su manera, hizo un gol de penalti y el segundo, cómo no, de cabeza. Es el equipo de la pasión y también de los detalles. La buena construcción se nota.

Atlético: Oblak; Gámez, Giménez, Godín, Lucas; Mario Suárez, Gabi, Saúl (Arda, m. 66), Raúl García; Griezmann (Mandzukic, m. 74) y Torres (Koke, m. 58).

Real Madrid: Casillas; Arbeloa (Carvajal, m. 82), Ramos, Varane, Marcelo; Khedira, Kroos, Isco, James (Cristiano, m. 62); Bale y Benzema (Jesé, m. 74).

Gol: 1-0, Raúl García, m. 58. 2-0, Giménez, m. 75.

Árbitro: Clos Gómez amonestó a Marcelo, Khedira, Ramos, Gámez, Griezmann, Gabi, Godin, Mandzukic, Carvajal.

Vicente Calderón.


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