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El Madrid gana una pachanga entre despedidas, debuts e incertidumbres

                                  

Chicharito remata de cabeza.
Chicharito remata de cabeza. EFE

Se esperaba pachanga y pachanga salió. Pablo Iglesias, que por la mañana jugaba al fútbol mientras reflexionaba para las elecciones, le hubiese puesto más ganas que los que jugaban en el Bernabéu. Quizá Rajoy, muy futbolero, también. Hay partidos que solo son suplicios, meros trámites de gente que quiere irse de vacaciones. 

Cristiano un poco menos, porque vio una oportunidad de oro para poner a tope su cuenta de resultados, que es lo que cuenta. Lo de ganar ligas y demás es atractivo, pero quién quiere títulos si puede tener una bota de oro. El aficionado madridista, que no está para mamandurrias, le mira con sospecha a estas alturas de liga. Sus goles no valen para nada y en lugar de ensalzarle, que es lo que suele hacer un gol, le señalan como culpable. Curiosa paradoja que no sería así si Cristiano fuese un tipo más amigable. A los que sonríen se les permite casi todo. 

Marcó tres en la primera parte, uno de ellos de penalti. Podría haber tirado cualquiera ese penalti, total daba lo mismo. Pero no, en el Madrid las cosas no funcionan así, si hay un penalti lo tira el devorador. El caso es que el éxito -relativo- de los blancos es en buena medida por la temporada de Cristiano. Si han sido segundos o semifinalistas de Champions fue también por sus goles. Si han sido competitivos es porque él es una fiera delante de la portería. Y, a pesar de todo, comoquiera que el Madrid se va con las manos vacías, alguno piensa que pudo dar más. Lo que sí es evidente es que podría haber llegado en mejor forma al final. 

Se debate la directiva del Madrid (eufemismo que utilizamos los periodistas para referirnos a Florentino Pérez) en la continuidad del portugués. Ya tiene una edad y su actitud no gusta. Cierto, no es sencillo, el día que se vaya se hablará de un jugador que es historia en el Real Madrid. Por la décima y por sus registros personales más que por su continuidad en el juego. 

Se puede ir, es una opción. En Ancelotti ya no parece ni siquiera una opción, ha enfilado el túnel de salida y no le quedará ni un homenaje. Vio la pachanga desde un palco, con Modric al lado. Quizá si el croata no hubiese estado tocado la mitad del año su final hubiese sido otro. Pero el fútbol tiene estas cosas. También estaba cerca Khedira, a quien nadie ha echado de menos en toda la temporada. 

Ancelotti, como si aún pensase que puede quedarse, decidió meter unos minutos al último capricho de su presidente: Martin Odegaard. El noruego se convirtió en el jugador más joven en debutar con el Real Madrid. Es difícil saber si tiene el futuro en sus pies, no hay elementos para juzgar y menos en la media hora que estuvo en el campo (sustituyó a Cristiano). Sí se sabe que en el Castilla no ha cuajado, algo que tampoco quiere decir mucho. 

Y si de salidas se trata hay que hablar también de Casillas. O quizá no. Iker encajó tres goles, que en realidad no son culpa suya pero dejan esa sensación de todos estos meses: no para una. En su caso el problema es que su nivel ya no es el que pide el Madrid, no es de los cinco mejores del mundo en su posición, requisito mínimo en una entidad que tiene dinero por castigo. El segundo problema es que él se quiere ir y su equipo que se vayan, pero nadie quiere ceder ni un milímetro. Casillas fuerza para que le paguen el dinero que se comprometieron a pagarle, el club se hace el loco aunque sabe que es mejor pagar que tener en el banquillo. Una parada, muy al final del partido, desplegó los aplausos de la semivacía grada. Casillas tiene el espectro entero que separa a los odiadores y a los que le aman profundamente. Lo que igual no tiene es nadie en medio. Y eso no es bueno. 

Si la esquizofrenia no hubiese triunfado en el ambiente del club estos últimos meses el partido hubiese sido completamente diferente. La pachanga se hubiese convertido en un homenaje a un ídolo, Casillas se marcharía llorando, como Xavi o Gerrard. Al fin y al cabo él es uno de esos pocos elegidos para la gloria, una figura histórica en el Madridismo. Si el club y el jugador hubiesen sabido llevar las cosas esta semana hubiese habido una rueda de prensa con sus abrazos, sus lágrimas y sus compromisos de amor eterno. Nada de eso. Si se marcha lo hará por la puerta de atrás, si se queda lo único que hará será extender un año más el infierno ¿o alguien cree que lo suyo es solucionable? Todos saben que no. 

Más allá de estos personajes, que son los de siempre, el partido tuvo muchos goles. Marcó uno precioso James, que es la mayor alegría del equipo este año. También Marcelo, Jesé y Chicharito. Como tres marcó el Getafe. El fítbol, de todos modos, no era más que el telón de fondo a otras historias.


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