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El Barça contra su melancolía

Partido de sentimientos encontrados en el barcelonismo, que reconocerá en el técnico rival a un ídolo propio. 

Guardiola, durante el entrenamiento del Bayern en el Camp Nou.
Guardiola, durante el entrenamiento del Bayern en el Camp Nou.

No hay un solo aficionado del Barça sano mentalmente que desprecie a Pep Guardiola.  Ninguno olvida cómo disfrutó, cómo disfrutamos, con aquel equipo que él dirigió. Los seis títulos de su primer año, las dos Champions en tres temporadas, las palizas al eterno rival (2-6 y 5-0), la apuesta por canteranos como Busquets y Pedro, la presión arriba, el perfecto orden defensivo, la posesión cansina pero efectiva, las triangulaciones diabólicas entre Xavi e Iniesta, el invento del falso nueve, los mejores momentos de Messi... Partidos inolvidables, detalles tácticos y jugadores sublimes que, acumulados, constituyen una de las mejores creaciones futbolísticas de la historia. Guardiola, director de aquella orquesta que sonaba deliciosa, es el mejor recuerdo de los barcelonistas. Es nuestra propia melancolía. Hoy, mañana y siempre los éxitos y los fracasos de esa época permanecerán en nuestra memoria. 

Ocurre, sin embargo, que Guardiola se fue por la puerta de atrás, enfrentado con la directiva, traicionado por algunos integrantes del cuerpo técnico y enfurecido con varios los futbolistas que siguen en el club. Y hoy llega al Camp Nou en el banquillo de ese Bayern que hace dos temporadas arrasó sin piedad a los azulgrana. Así las cosas, el duelo de esta noche engloba un sinfín de sensaciones entreveradas para la parroquia culé. Queremos que gane el Barça, por supuesto, pero no nos gusta que pierda Guardiola. Queremos vengarnos del gigante alemán y, más allá de los discursos políticamente correctos, es evidente que los jugadores desean ajustar cuentas con su antiguo técnico. Él, que no es ese ser humano impoluto y carente de defectos que algunos dibujaban en el pasado, también llega para vengarse. 

Los logros de Guardiola fueron tantos y el nivel de excelencia fue de tal calibre que cualquier otro entrenador no aguanta la comparación. No obstante, Luis Enrique ha conseguido dotar a este Barça de una mordiente y una velocidad necesarias para superar los problemas que el club arrastraba desde que Pep se marchó. Ha recolocado a Iniesta, ha sabido relegar a Xavi, ha recuperado para la causa a un Alves que parecía extraviado y ha desterrado la idea absurda de que un balón largo era un crimen y un contrataque era una afrenta al estilo culé. Además, piezas clave como Piqué y, sobre todo, Messi, el mejor jugador del mundo, han recuperado su nivel. 

Si el Barça rinde a su nivel, tiene muchas opciones de tumbar a este Bayern que llega mermado por las lesiones. Pero en el banquillo opuesto está el peor enemigo posible, ese arquitecto del fútbol que diseñó al mejor Barça y supo explotar al límite las ventajas y reducir a la mínima expresión las carencias de los futbolistas que hoy lucharán contra él. En este partido las emociones, siempre decisivas en el fútbol, van más allá de lo soportable para los protagonistas, enfangados en una suerte de pelea contra su propia memoria. El Barça compite contra su melancolía. Y a veces esta solo causa dolor. 


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