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Lo raro es que a Messi le suene raro

Messi, o el que le escribe, ha lanzado al aire una sospecha victimista. Irresponsable y además ridícula, el adjetivo que retrata a quienes pese a tenerlo todo son capaces de sentirse o declararse perseguidos por una conspiración. "Días de doping. De los cinco elegidos fui el único que hice orina y sangre. Raro, no...". No acusa, no concreta el destino su denuncia, tira una piedra y esconde la mano. ¿Quiere decir que alguien le tiene manía?

Lo raro es que a Messi le parezca raro tener que cumplir con la obligación de un control antidopaje. Una práctica, por cierto, que no surge del capricho, sino de la tendencia constante a la trampa en el deporte, de la triste realidad de que son muchos los que se han servido de prácticas prohibidas y adulteradas para sacar ventaja en el rendimiento. Lo raro es que a Messi le parezca raro, porque, aunque incómodas, estas sesiones protegen a los deportistas limpios de los sucios. Y no pueden ser a la carta.

Lo raro es que a Messi le parezca raro que le toque a él, cuando es el que más y mejores cosas hace con la pelota. Podría ser aleatorio el criterio, pero también selectivo. Y es ahí donde es más lógico que raro que el que pase por el control sea el que bate cada día un récord que el que no consigue nada. Y cuantas más pruebas de pureza tengan sus proezas (malintencionadamente manchadas por la cobarde rumorología, además), mejor para todos, pero sobre todo para él.

Lo raro es que a Messi le parezca raro y que además lo diga. Porque lo que que parece su tuit es un arrebato de divismo y prepotencia, la sensación de que a él, que es ni más ni menos que Messi, nadie le puede tocar ni toser. Lo torpe, además de raro, es que Messi haya convertido la cuestión en titular de prensa y asunto de debate. Cuando menos, un error de imagen que aleja el foco de sus goles maravillosos. Porque un trámite en el que nadie había reparado, salvo él y sus molestias, pone a discutir a la vez sobre Messi y dopaje. Porque las sospechas a menudo se vuelven, y del "qué raro que me toque solo a mí" se pasa muy fácil al "qué raro que no quiera que le toque a él".


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