Las medallas de chocolate

Ruth Beitia se lleva un diploma de altura en su despedida olímpica

Al igual que la cántabra, otros españoles se quedaron a un paso del podio. "La medalla de chocolate", como la llamó Ruth.

España se ha marchado de Londres con un botín de 17 medallas (tres oros, diez platas y cuatro bronces), aunque también con otro buen puñado de sinsabores, sobre todo los ocho cuartos puestos que dejaron el podio a escasos centímetros, donde la diferencia entre la medalla y el anonimato fue una cuestión microscópica.

La delegación española estrelló su primer balón a la madera con el judoca vasco Sugoi Uriarte. Tras alcanzar la pelea por el bronce y ser mucho más agresivo que su rival, el representante coreano Jun-Ho Cho, se llevó la gloria del metal por una decisión arbitral. "Una injusta decisión", explicó el vitoriano tras el combate, que le impidió dedicar a su madre --fallecida un año antes--, el bronce de la categoría -66kg. "No me rindo, volveré en Río 2016 para ganar la medalla y poder dedicársela".

Al cuarto lugar de Uriarte se añadieron los tres que firmó el piragüismo español, que estuvo sensacional en la capital británica. El primero en acariciar la gloria olímpica fue Ander Elosegi. El irundarra no falló, pero sus rivales hicieron gala del favoritismo para dejarle pasmado, a escasos segundos del bronce. Además, en la penúltima jornada de competición Teresa Portela y el jovencísimo Sete Benavides -que habían arrasado en sus respectivas series- entraron en cuarto lugar en C-1 200 y K-1 200. Un duro resultado que valorarán dentro de unos años, pero que fue un jarro de agua fría en el canal de Lee Valley.

Uno de los primeros reveses para España llegó mucho antes, hace justo una semana en el All England Club, con el doble de tenis David Ferrer-Feliciano López, quien sorprendió por su eficacia. El alicantino y el toledano tuvieron cuatro bolas de partido para jugar la final, pero acabaron obligados a jugar por el bronce ante Gasquet y Benneteau. Tras las casi cuatro horas del duelo de semifinales, también siendo víctimas de los franceses, Ferrer y Feliciano pagaron caro el cansancio y poco pudieron hacer para dar continuidad a la buena relación entre tenis y Juegos. Desde Seúl'88 España siempre había ganado presea en este deporte.

El 3 de agosto, en el ecuador de los Juegos, llegó el turno de Lidia Valentín, también cuarta en los 75kg de halterofilia. La berciana erró en su último levantamiento y se quedó muy cerca de llevarse la que hubiera sido primera medalla olímpica de su carrera.

Por su parte, el tartán de Stratford fue testigo del último gran salto de Ruth Beitia, que dijo adiós a las grandes competiciones con 2 metros. La cántabra, que debía llegar a esta distancia para tener opciones, se quedó con la medalla de chocolate. "Me quedo con esto y me la voy a comer", dijo la española tras la prueba. Se agarró a este cuarto puesto, esperanzada en que el resto de rivales no superase el listón a la primera. Pero no sólo fue esto, sino que la rusa Anna Chicherova elevó el nivel del concurso y lo disparó hasta los 2.05, inaccesibles para la saltadora de Piélagos.

Y el último día, cuando todo apuntaba a un nuevo metal, José Antonio Hermida acabó cuarto la prueba de moutain bike, a nueve segundos del bronce, y el equipo español de gimnasia rítmica, formado por Alejandra Quereda, Lidia Redondo, Sandra Aguilar, Lourdes Mohedano, Elena López y Loreto Achaerandio, repitió idéntica fortuna en su despedida de los Juegos de Londres.


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