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Juanfran o el colmo del impostor

El único ser del planeta que en el momento de la infracción tenía la certeza de que la caída de Chicharito en el área del Levante era penalti fue precisa y cínicamente el que más lo protestó, Juanfran. Con energía exagerada, además, como si las voces y los malos modos pudieran liberarle del error. Porque no era un lance terminal, pero el veterano lateral se fue al suelo como un alevín. Y luego, para tratar de engañar al públlco se supone (ya que ante el colegiado no iba a sacar nada de su aparatosa reclamación, si acaso una expulsión). se levantó a toda velocidad a contar y gesticular no se sabe qué. Los demás emitieron un juicio simplemente visual (y el árbitro acertó en su examen), que luego la televisión dejó sin margen de duda posible: penalti. Juanfran, pese a lo que pudo parecer, no tocó nunca el balón, sólo la pierna del mexicano. Por eso era él quien tenía la seguridad absoluta de la pena máxima. Pero mintió como un resorte. Y se retrató de mala manera ante los espectadores. En su caso, nada nuevo.

El error infantil de Juanfran abrió las puertas de la goleada del Madrid, que volvió a quitarse de encima un partido con la comodidad insultante de su poder gol. Cinco goles sin despeinarse, dos de Cristiano, quien, penaltis al margen, lleva un ritmo realizador estratosférico. Una amenaza indiscutible para quien en la otra punta del campo luce a la inversa los guarismos sensacionales: Claudio Bravo sumó un partido más sin sacar la pelota de su portería. No le atacan demasiado, es verdad, pero cuando le llegan lo hacen con mucho peligro. Y lo resuelve. Es el duelo llamativo que queda para el superclásico que viene, que ya está encima de nosotros, a la vuelta de la esquina. Cristiano contra Bravo, el gol abusivo contra la puerta cerrada.

Se supone que el Madrid llega crecido y entero a la cita más esperada del campeonato, aunque esos dolores misteriosos en el glueto de Bale, que lo dejaron en el banquillo ante el Levante, ponen un punto de suspense a su concurso. No sólo por lo enigmátco de su estado físico, casi desde el primer día, sino porque su sucesor, isco, tuvo una actuación soberbia. Con uno u otro, el Madrid lucirá un once armado en el partido de los partidos.

Y el Barça también, que sufre, pero sigue intratable. 22 goles a favor por cero en contra (30 contra 9 el Madrid). Tiene una delantera espectacular, pero los números invitan a fijarse en su defensa. Ayer con una novedad a tener en cuenta: Busquets, el sobrevalorado Busquets, no jugó, y en su lugar lo hizo, de manera extraordinaria además, el jefecito Mascherano. Ahí hay debate, aunque Piqué volvió a sembrar de dudas su momento. También descansó Rakitic, y un rato Iniesta, a cambio de ver sobre el campo a Xavi, que pese a los años sigue siendo una delicia inolvidable de futbolista. Hay que grabar y disfrutar lo que juegue porque costará encontrarse con alguien igual en el futuro.

El Barça, pese a los pitos del Camp Nou en el descanso, con 0-0 ante el Éibar, también llega potente al superclásico, aireando esa conexión cada vez más intimidatoria entre Messi y Neymar. No hay guerra de divos, hay una asociación letal. Messi llega a un gol de récord de Zarra al Bernabéu, uno de esos guiños que el destino nunca se guarda. Un pellizco de morbo para una cita sobrecargada de contenido. La duda es si Luis Suárez, que ya podrá estar con los culés, se une o no a esa delantera que a estas horas mete miedo. Tanto miedo casi como el que inspiró la cara de Juanfran con su incomprensible y exagerada protesta al colegiado. El colmo del impostor.


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