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Mourinho no quería abuelos

Dos años después de abandonarlo por la ley inexorable del tiempo, simplemente por haberse hecho mayor, el fabuloso Didier Drogba regresa al Chelsea. No es que se haya vuelto repentinamente joven, pero tras confirmar en las dos últimas temporadas que su fútbol sigue vigente, o parte de él, ha sido tentado para volver a vestir de azul. Todo un acontecimiento, casi casi un poema de amor. Porque el musculoso marfileño no es sólo un delantero centro de los pies a la cabeza sino además, o sobre todo, una institución en el club londinense, un ídolo, un trozo inmortal de su historia. La frase blue más bonita es suya: "Puedes sacar a un jugador del Chelsea, pero nunca sacarás al Chelsea de un jugador".

Un hermoso cuento de fútbol por tanto su regreso, que al tiempo, eso sí, deja un par de lecturas paralelas. Por un lado invita a pensar que la salida de Fernando Torres es inminente (sí es para retornar  al Atlético, como se desliza desde las oficinas del Calderón, ya habrá tiempo de comentarlo). Y por otro confirma que Mourinho, el entrenador que tanto empeño pone (o su agente) en que sus subordinados le regalen los oídos, es un ser patológicamente contradictorio. Otra cosa no, pero cambiante es un rato. Le da lo mismo pregonar encendidamente una cosa y diez minutos después la contraria. Todo depende de si tiene que justificar una derrota o presumir de una victoria.

Porque el último fichaje del Chelsea sopla exactamente las velas un día después que Samuel Etoo, sí. Pero da igual, el marfileño es el mayor de los dos. Mucho mayor. Nació el 11 de marzo de 1978, mientras que el camerunés lo hizo el 10 de marzo de 1981. O sea, que el refuerzo del equipo que dirige Mourinho y paga Abramovich levanta ya 36 años, una edad comprometida para la práctica del fútbol profesional y, sobre todo, para el discurso reciente de su querido entrenador. Porque Drogba tiene tres años más que Etoo, en definitiva; o para ser exactos, cuatro más de los que exhibía el ex azulgrana cuando al contradictorio Mourinho le parecía un lastre, un abuelo, la dolorosa confirmación de que su equipo perdiente no tenía delantero. Es que así no hay manera, era el mensaje, con tipos tan mayores no hay forma.

Así que una vez despejada la responsabilidad ante los malos resultados, el técnico portugués encargó la renovación del equipo a partir de su verdugo en a Champions, el Atlético, al que ha desnudado de arriba a abajo a golpe de talonario (Courtois, Filipe, Diego Costa, y casi Tiago, y no descarta aún a Miranda), y, sin darse cuenta, del regreso de un tipo tres años mayor que el despreciado e inservible abuelo Etoo. Y no es que el marfileño sea malo, todo lo contrario, pero el entrenador que nunca pierde vuelve a quedar desacreditado. O su oratoria. La noticia desmonta su última excusa. Mou no quería viejos arriba, porque así no hay manera, pero se trae al octogenario Drogba. No importa, si las cosas van mal y resulta necesario escapar, el asunto se volverá coartada. Ya saben, José gana siempre.


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