Lewis Hamilton se ha visto envuelto en una polémica que va mucho más allá del hecho puntual que la ha provocado. El fondo de la cuestión es el sexismo machista que conlleva la presencia de atractivas azafatas en varias modalidades deportivas como el automovilismo, motociclismo, ciclismo, etc.

Y es que Roz Hardie, presidenta ejecutiva de Object, una organización dedicada a denunciar el sexismo que sufren las mujeres en público, criticó la celebración de Hamilton en el reciente GP de China de Fórmula 1: "Es desafortunado que una gran victoria se vea empañada por lo que parece ser un comportamiento egoísta y desconsiderado", declara en el diario británico Daily Mail.

"En las fotografías parece que solo salpica a la mujer, pero el champán está siendo dirigido de forma muy concreta a su rostro, y para mucha gente es evidente que ella no está disfrutando con esa payasada. Es una situación difícil para una chica que, por su condición de azafata, seguramente no tuvo otra opción que quedarse allí y aguantar", añade Hardie.

Según la ejecutiva de Objetc, “Hamilton era consciente de lo que sucedía y, sin embargo, pareció abusar de esa posición. Debería disculparse por sus acciones y pensar cuidadosamente en cómo se comporta en el futuro".

Más dura fue Camilla Long, columnista de otro periódico inglés, el Sunday Times, que ha calificado a Lewis Hamilton de “gold-plated arse”, algo así como “capullo chapado en oro (por sus elevados ingresos)”. Long fue más allá y considera que “todo deporte que siga utilizando rutinariamente azafatas puede irse a tomar por culo”.

En la misma línea se manifiesta Roz Hardie: "Los deportes de motor colocan innecesariamente como objetos sexuales a las mujeres y esto complica que esas mujeres se rebelen ante este asunto. Esperamos y deseamos que la gente de estos deportes sean más respetuosos con las mujeres".

Curiosamente, Lewis Hamilton ya había sido criticado por un comportamiento parecido el año pasado, tanto en el GP de España como en el de Austria.

El sexismo machista e instrínseco que se produce por el simple hecho de contar con esculturales azafatas, generalmente vestidas de forma llamativa, es innegable. Otra cosa es acusar de lo mismo a los deportistas que desatan su euforia en los podios.

Porque, sin justificar algunos comportamientos excesivos, la secuencia normal en las celebraciones es rociar primero con champán a los rivales que te acompañan en el podio y, a continuación, en pleno desenfreno, hacerlo sobre algún ingeniero o ayudante que esté cerca y sobre las azafatas.

Parece excesivo insultar a Hamilton llamándole “capullo de oro”, porque idéntico y desafortunado calificativo se podría aplicar a casi todos los que alguna vez han tenido el talento suficiente como para subirse a un podio. Y para demostrarlo ahí están decenas de fotos de Alonso, Contador, Márquez, Rossi, Pedrosa, Webber…


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