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¿Quién puede asegurar que Fernando Alonso estará en el GP de Malasia el 29 de marzo?

Fernando Alonso hace bien en ser prudente y no acudir a Australia. El accidente de Montmeló y sus consecuencias han elevado de forma exponencial las posibilidades de que el español sufra una nueva conmoción cerebral.

Fernando Alonso, en los entrenamientos de Jerez.
Fernando Alonso, en los entrenamientos de Jerez. Getres

Fernando Alonso no volverá a ser el mismo tras el accidente del 22 de febrero de 2015 en Barcelona. Más allá de la nebulosa que envuelve al origen de su choque contra el muro, el piloto español ha asumido las consecuencias del golpe y, sobre todo, ha aprendido que una conmoción cerebral -si fue eso y sólo eso- como la que él sufrió no es ninguna broma.

Por eso, tras el comunicado oficial de McLaren en el que se anunciaba que Alonso no estará en la parrilla del GP de Australia, el asturiano ha explicado mejor que nadie y muy gráficamente a lo que se arriesgaba si corría en Melbourne:

En efecto, un nuevo impacto en la cabeza del ovetense podría tener consecuencias muy graves. La ausencia de partes médicos y, por tanto, de datos precisos tras el accidente de Alonso en Montmeló, no permite conocer de qué grado fue la lesión cerebral traumática (LTC): leve (pérdida de la consciencia durante menos de 30 minutos y amnesia inferior a 24 horas), moderada (pérdida de la consciencia entre 30 minutos y 24 horas, y amnesia de 24 horas a 7 días) o severa (pérdida de la consciencia más de 24 horas y amnesia superior a 7 días). O una combinación de las tres. Como quiera que fuese, una patología complicada. Sobre todo, cuando tienes que volver a pilotar al límite y a más de 200 km/h.

Según un estudio de la revista biomédica Medwave sobre la conmoción cerebral (CC) en los deportistas, esta puede ser causada “por un golpe o impacto directo a la cabeza o un impacto en otra parte del cuerpo con una fuerza impulsiva transmitida a la cabeza”. En el caso de Alonso, todo indica que esa fuerza impulsiva fue la del coche, que apenas absorbió el golpe y se lo transmitió de forma brutal al piloto.

“La sintomatología y signos pueden presentarse inmediatamente después del accidente o minutos, horas, días o semanas después de haber ocurrido el traumatismo –añade el documento médico-. Los posibles cambios a nivel mental pueden involucrar: amnesia, confusión, desorientación, distracción, somnolencia, aturdimiento, alteración en el nivel de conciencia, conductas inapropiadas de juego, desconcentración, ver luces intermitentes, y lentitud para responder preguntas o seguir instrucciones”. Ninguno de ellos recomendables para ponerse al volante de un bólido de F1.

“La mayoría de las lesiones en la cabeza de los deportistas son leves; y aunque la generalidad de los atletas que sufren una CC se recuperan en pocos días o semanas, un pequeño número de individuos desarrollan síntomas de larga duración o crónicos. Esto es especialmente cierto en los casos de CC repetitiva o lesión cerebral traumática moderada, en la que al menos el 17% de los individuos desarrollan encefalopatía”. 

El comunicado de McLaren asegura que todos esos signos han quedado ya descartados tras los recientes exámenes médicos a los que se ha sometido Alonso. El peligro, sin embargo, estriba en la posibilidad de sufrir un nuevo golpe. Según Mario I. Ortiz y Gabriela Murguía Cánovas, autores del estudio, “el antecedente de una CC incrementa el riesgo de volver a sufrir otra hasta cuatro o cinco veces”. Es es el dato que deben manejar el bicampeón español, su equipo y su entorno.

Y no tener prisa: "La gran mayoría de los pacientes con LTC leve se recuperan favorablemente a los 3 meses post-accidente. Por el contrario, una mayoría significativa de pacientes con LTC moderado a severo tienen problemas cerebrales persistentes". El objetivo manifestado por Alonso en el tuit antes publicado es correr el GP de Malasia (29 de marzo). Algo totalmente lógico pero que nadie puede garantizar.  

Ya nadie puede negar que el accidente de Alonso fue grave. Ni siquiera valen las comparaciones recurrentes con los de Sergio Pérez en el GP de Mónaco 2011 y Kubica en el GP de Canadá. Ambos parecen mucho más fuertes, pero los testimonios de entonces indican que las conmociones respectivas del mexicano y del polaco fueron menos severas.

Pérez quiso correr dos semanas después, en el GP de Canadá, pero se sintió indispuesto y pospuso su retorno hasta Valencia, cuando había pasado un mes desde el choque. "Creo que el impacto fue muy fuerte y la cabeza necesitaba tiempo para recuperarse”, declaró el norteamericano.   

Kubica se perdió un solo GP, el de Estados Unidos 2007, pero a las tres semanas de su espeluznante impacto ya pilotó el BMW en Francia.

Otro de los aspectos que trata el estudio de Medwave es el referido a la relativa poca trascendencia que tienen este tipo de lesiones en los deportistas. “Esto puede ser por falta de conocimiento de las repercusiones clínicas del problema, por presión social y personal de seguir participando, y por las probables repercusiones económicas”.

McLaren y Alonso han optado por la solución más sensata, se la han tomado muy en serio y el español no está dispuesto a correr riesgos.


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