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La cabeza de Alonso recibió un golpe salvaje, similar a la embestida de un hipopótamo

Fernando Alonso, en su McLaren durante los entrenamientos de Montmeló.
Fernando Alonso, en su McLaren durante los entrenamientos de Montmeló. Getres

Siendo numerosos y de notable éxito los chistes acerca del tamaño del cuello de Fernando Alonso, en realidad el asunto es muy serio. Sin exagerar, de vida o muerte. Porque en accidentes como el ocurrido este domingo en Montmeló se pone precisamente a prueba la excepcional condición física que necesita un piloto de Fórmula 1.

Alonso pasó este martes la tercera noche ingresado en el Hospital General de Catalunya. Sin parte médico oficial alguno desde el domingo, sería osado especular acerca del estado de salud del asturiano. Lo único cierto, según ha manifestado varias veces su representante, Luis García Abad, es que "está bien".

Entonces, ¿por qué tanto tiempo ingresado? Fácil. Porque, según el propio García Abad, el impacto que recibió Alonso en la cabeza durante el accidente fue "muy severo". Concertamente, cuando el lateral derecho del McLaren chocó contra el muro, la fuerza del primer golpe se cifra en 30G, uno de los pocos datos exactos que ha trascendido.

Es una cifra brutal, de la que sólo se puede salir bien librado gracias a las severas medidas de seguridad obligatorias en los autos de F1 y a la excelente preparación atlética de los deportistas que se juegan el pellejo sobre el asfalto de los circuitos de medio mundo.

Tras ese choque inicial, el McLaren rebotó y se golpeó varias veces más contra el muro, contabilizándose durante esa secuencia otro pico de fuerza de 15G. La mitad que el primero pero, aun así, una barbaridad:

Resulta difícil traducir la magnitud de esos trastazos, pero multiplicando el peso de Alonso, 68 kilos, por 30 (30G), la cifra resultante es 2.040 kilogramos. Gráficamente, es como si un hipopótamo le hubiera golpeado lateralmente en la cabeza. Con similar metáfora, los 15G del segundo impacto se traducen en una fuerza bestial de 1.020 kilos. Como si un buey le hubiera embestido fugazmente.

Una secuencia de fuerzas poderosas que explicaría los minutos que, según algunos testigos, tardó en reaccionar Alonso cuando llegaron los médicos hasta el lugar del percance.

Ese famoso y potente cuello del asturiano y el artilugio llamado HANS (Head And Neck Support, Soporte para cabeza y cuello) posibilitan que accidentes así no tengan cosecuencias letales para los pilotos.

Los bólidos cuentan con un detector, también obligatorio según las reglas de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), que detecta y avisa cuando se supera el umbral de los 15G.

En esos casos, la FIA también decreta que el piloto afectado se someta a exigentes pruebas que descarten cualquier lesión. Por eso Fernando fue trasladado primero al centro médico del circuito de Montmeló, y al hospital más tarde.

Dada la magnitud del impacto, no es extraño que, pese a encontrarse en buen estado, tanto el piloto como su entorno prefieran asegurarse antes de abandonar el centro médico.

Algunos mensajes publicados en redes sociales se refieren a presuntos dolores intermitentes de cabeza del bicampeón ovetense, así como a ciertas molestias cervicales. Son datos sin confirmar, pero nada extraños ni preocupantes cuando te han atropellado un hipopótamo y un buey.


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