Es una de las virtudes extremas de la Fórmula 1: producir noticias casi a diario. Haya o no Gran Premio, este el Mundial en pleno apogeo o finiquitado, siempre se las arreglan para tener un buen hueco en los medios de comunicación. Y Ferrari, leyenda por encima del equipo, mucho más.

Ese es el problema. Que en la Scuderia se han acostumbrado a hablar mucho sin decir nada sobre la pista. O, mejor, a pasarse la vida buscando excusas o arañando argumentos para justificar una decadencia imperdonable.

En Ferrari habla todo el mundo y a todas horas. Desde el todopoderoso presidente, Luca di Montezemolo hasta los diferentes ingenieros jefes, pasando por el director deportivo, Stefano Domenicalli y su primer piloto, Fernando Alonso.

Y ese es el problema. Que la atmósfera derrotista y frustrante que rodea al equipo italiano ha acabado por contagiar al piloto español. Alonso ha procurado volcar esar rabia en cada curva llevando a su bólido más allá de lo imaginable para luego echárselo en cara, con más o menos delicadeza, a sus jefes.

Esa situacion ha ido alimentando el debate, la polémica, incluso la tension en el seno de la Scuderia, que ha terminado bordeando el ridículo como equipo.

Tantos recaditos en doble dirección, de jefatura a piloto y viceversa, tantos reproches mutuos han ocultado durante la segunda mitad del Mundial 2013 la cruda realidad de una fábrica que encadena un lustro sin un título que llevarse a la boca.

Lo bueno, o lo malo, es que se acabaron las excusas. Se terminó lloriquear por la goleada aerodinámica que le llevan propinando Brawn GP (2009) y Red Bull (2010 a 2013). Porque en 2014 cambian muchas especificaciones técnicas y, si no de cero, todos parten en mucha más igualdad de condiciones y tienen que diseñar bólidos muy distintos a los vistos en las últimas temporadas.

Por si fuera poco, el veloz y peculiar Kimi Raikkonen regresa a Maranello. Y nadie se atreve a colocarle al finlandés la etiqueta de segundo piloto. Porque es muy bueno y porque las críticas de Aonso al equipo siguen escociendo.

Con todos estos ingredientes, debería ser hora de enterrar el hacha de guerra, cultivar el silencio, mirar al frente y ponerse a trabajar muy duro.

Pero Montezemolo se ha sacado de la manga la 'Ley Mordaza Twitter' y nadie se explica cuál es la razón. Porque nadie podrá decir que Alonso ha escrito nada ofensivo, ni siquiera sospechoso, contra Ferrari en su cuenta de Twitter. Entonces, ¿a qué viene esa absurda censura? Y, sobre todo, ¿por qué la hace pública el presidente de la Scuderia? ¿Para domar al ovetense, para amedrentarle, para humillarle... o para que tome de una vez la decisión de irse? Incomprensible. 

Las escaramuzas públicas comienzan a tener tal calibre que ya ni siquiera es seguro que un título pueda restañar las heridas, convencer a Fernando Alonso y repintar de brillo el mito Ferrari.


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