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Bale hace la de Aguilera

Ocurrió por estas fechas, un 20 de marzo, hace 17 años. El Atlético, sobre todo Kiko, estaba haciendo el partido de su vida. En Champions ante el Ajax. Los rojiblancos dominaban, ganaban por 1-0, estaban clasificados para semifinales. Y de pronto Aguilera, impecable en el lateral, se cruzó el campo a la carrera y lo abandonó. El balón estaba en juego. Overmars, el extremo al que marcaba el madrileño, se dio cuenta de la fuga y reclamó la pelota. Encaró a Caminero, que hacía el improvisado relevo al compañero huido, y se fue por velocidad como quien se va de un niño. La jugada terminó en gol. El partido se reabrió y en la prórroga se clasificó el equipo holandés. Aguilera había perdido una lentilla. Y por eso se fue, a por otra. El Atlético se quedó sin su sueño europeo tras el doblete. Simeone lo quería matar.

El miércoles en Sevilla, Bale, el fichaje más caro de la historia del Real Madrid, hizo la de Aguilera. El partido iba 1-1 y de pronto el jugador galés decidió recorrer el césped de banda a banda y salirse. Las botas que calzaba por exigencias de la marca que le viste le molestaban. Tenía que cambiar de zapatos. Pero el fútbol no espera. El juego se reanudó y el balón siguió rodando. Y claro, por su zona. Minuto 26 de la segunda mitad. Carvajal tuvo que subir a presionar por donde no había compañero, Pepe basculó para ser regateado por Rakitic y Bacca hizo el resto. Gol, sentencia y un trozo de la Liga arrancada de cuajo de la taquilla del Real Madrid. Camacho, como hizo un día con Roberto, lo habría mandado de vuelta al césped con gritos desencajados. Pero no estaba en Sevilla. Así que Bale se fue al suelo y ni siquiera le dio tiempo a seguir con la mirada las consecuencias. Una fatal irresponsabilidad, mucho más que ese marrado lanzamiento de falta postrero que sacó lo peor de Cristiano y sus insoportables pucheritos.

No se sabe lo que pasará al final de campeonato, pero un simple cambio de botas a destiempo no puede aceptarse como razón para perder un campeonato. Tampoco perder una lentilla. ¿Mala suerte? No. Son negligencias aparentemente menores pero definitivamente intolerables. Descuidos impropios, para darse con la cabeza en la pared. Una estupidez evitable que amenaza con perseguir a Bale. Al tiempo.


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