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Mis balones de oro, Godín

Diego Godín marca el gol en el Camp Nou que dio el título de Liga al Atlético.
Diego Godín marca el gol en el Camp Nou que dio el título de Liga al Atlético.

Uno es Sergio Ramos, ya lo conté el otro día. Un futbolista que pese a su desastroso Mundial, retratado por Robben y hasta por Vargas, ha acumulado proezas de sobra para elevar  esa pelota dorada de la que se ha apropiado el negocio y la mercadotecnia. Noches de sobriedad defensiva y goles traumátios y decisivos, sobre todo uno que cambió la historia. Nada sería lo mismo a estas horas en la capital, y durante muchas horas más, si esa cabeza que nunca pierde la fe no se hubiera elevado y girado milagrosamente en Lisboa en el minuto 93. Ni los suyos quieren verlo, ni siquiera plantearlo, pero sí cabe en mi particular escalafón de aspirantes al Balón de Oro.

Otro es Godín, otro central majestuoso y decisivo al que además le falta glamour y una camiseta a la que se le preste atención. No es fácil imaginárselo anunciando una marca de calzoncillos luciendo tableta, pero su 2014, como él mismo dice ahora haciendo balance, ha sido formidable. Y entra en mi lista, claro que entra. Sergio Ramos le hizo daño con ese gol postrero en la final de la Liga de Campeones, un cabezazo que le quitó la foto de la gloria al uruguayo (autor del único tanto hasta entonces) y se la entregó a ese Cristiano que sólo asomó por allí allá por el minuto 120.

Godín fue el hombre clave y heroico en la mejor defensa del año, que por números y sensaciones fue la del Atlético tanto en España como en el mundo. Por arriba y por abajo fue un cerrojo, un afán defensivo comprometido y contagioso, la autoestima imponiéndose a los prejuicios. Godín fue mucho más de lo que cabía imaginar al mirarlos a él y a sus equipos. Y además se fue para arriba para rescatarlos también en ataque en los momentos en los que tocaba agonía. A veces con el pie, subiendo como un Beckenbauer sin elegancia natural, pero sobre todo con la cabeza, con un salto que mueve montañas. Godín no remata, arrolla el balón. Y también lo haría aunque lo que le viniera fuera una piedra. No duda, no mira, no pregunta. 

Su gol en el Camp Nou que le dio al Atlético una Liga impensada que se escapaba a última hora está ya para siempre en los libros de historia del fútbol. Y en el corazón de todos los uruguayos está también el que sacó contra pronóstico a Italia del Mundial. Godín fue lo máximo con lo mínimo. Un profesional marcial sobre el césped que lo pasaría mal desfilando por una pasarela. Y es verdad que hoy se trata sobre todo de eso, de salir bien en la foto. Pero en mis balones de oro sí hay hueco Diego Godín. 2014 fue su gran año.   


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