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Zubi no tiene defensa

Zubizarreta
Zubizarreta

La situación del Barcelona, la deportiva y la institucional, no tiene de único culpable a Andoni Zubizarreta. Ni siquiera de culpable principal. Pero el director deportivo recién destituido no tiene defensa posible. Su gestión ha sido nefasta, su cabeza se pedía hace tiempo desde casi todos los rincones del club y su declaración del domingo, en la forma (cómo se dirige a su jefe) y en el fondo (cómo le deriva responsabilidad en el asunto que ha llevado al Barça a ‘prisión’ en la FIFA),  intolerable en la figura de un empleado. El cese se lo ha ganado a pulso.

La salida de Zubizarreta no soluciona los males que aquejan al Barça, ni redime de sus pecados a la multitud de actores que lo tienen con pésima pinta (desde el presidente al entrenador pasando por su máxima estrella), pero tampoco merece una lágrima. No hay un fichaje de su cosecha del que presumir ni una negociación de renovación de la que sacar pecho. Incluso cuando en las despedidas (recuerden la de Guardiola) ha resbalado. Sólo le quedaba la fidelidad al jefe y la tiró por la borda el último día de manera casi obscena.

El Barça se desangra por varios agujeros y posiblemente el intervenido es el menos trascendental para repararlo. Pero la debilidad en la figura de Zubizarreta, casi la enfermedad en el puesto, era una evidencia clamada por todos. Más allá del momento en el que se produce, o de que su verdugo tenga más que reprochar, el Barça no lo lamentará. O no debería.


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