22 de diciembre. Valencia-Real Madrid. Di María centra desde la derecha, Oriol despeja de cabeza y Cristiano intenta rematar de chilena: no da al balón, sino a Víctor Ruiz.

12 de enero. Espanyol-Real Madrid. Ramos toca de cabeza dentro del área, Cristiano se tira la pelota hacia arriba e intenta rematar de chilena: no da al balón, pero sí a Javi López, que se anticipa.

18 de enero. Betis-Real Madrid. Marcelo centra desde la izquierda, Cristiano se gira y remata de chilena: contacta con el balón y su golpeo pifiado se convierte en una asistencia fortuita a Morata, que marca.

21 de enero. Espanyol-Real Madrid. Benzema centra desde la izquierda, Cristiano intenta el remate de chilena: pega al aire y la pelota pasa de largo.  

25 de enero. Real Madrid-Granada. Modric centra desde la derecha y Cristiano remata de chilena con un vuelo perfecto: conecta la pelota y Roberto evita el gol con un paradón. Descanso. Cristiano abandona el campo maldiciendo.

Cristiano Ronaldo tiene una nueva obsesión. Se ha empeñado en meter un gol de chilena. Y a la vista de la secuencia cronológica no va a parar hasta conseguirlo. Es tal su insistencia que está claro que el remate en cuestión tiene menos de recurso que de cabezonería, de intención preconcebida. Conquistado el Balón de Oro, quiere el premio Puskas al mejor gol. Se ha metido entre ceja y ceja que es la mejor manera de celebrarlo.

Ya lo dijo una vez: “De Hugo Sánchez me gustaría tener su chilena, porque yo no sé hacer goles así” . Más allá de que el reto implique de nuevo que el futbolista piensa más en él que en el equipo (es evidente), en sus conquistas individuales que en las colectivas, es indiscutible su capacidad de superación. Pocos desafíos se le resisten. En la primera jornada de Liga, ante el Betis, su primer intento de remate de chilena del curos le golpeó en su propia cabeza. Lo dejó por un buen rato. Ahora siente que ya está preparado y ha vuelto al concurso.

Su progresión le ha llevado a las portadas. De rematar sobre su propia cabeza, golpear al defensa y pegarle al aire, a firmar la jugada de la jornada, una chilena ejecutada a la perfección. Todavía no ha llegado el gol. Pero llegará. La hilaridad desatada en algunas tertulias ante sus caricaturescos intentos en falso han multiplicado sus ganas. Cristiano no piensa en otra cosa. Es su última obsesión (o capricho).


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