Deportes

Casillas y el señor Karanka

Casillas se puso elegante y en manos de un periodista ajeno a su sector para contar de su boca lo que ya había contado en boca de otros. O lo que ya se sabía. Que se sintió un apestado ante el madridismo, abandonado por el presidente, agredido por Mourinho y el señor Karanka (la expresión más llamativa de toda la entevista, el cañonazo escondido, más cruel con el ayudante que con el superior), distanciado de algunos compañeros e injustamente acusado de filtrador a la prensa y calzonazos con el Barça. No dijo todo, pero sí mucho. Confesó que no supo resolver de frente su caso (no se hablaba con las partes), pero también dejó frases incómodas que no le van a hacer ningún bien (a estas horas no hay lavado de imagen que valga) y tampoco le van a ocasionar nuevos males (el linchamiento que ha desatado su intervención procede del sector de la población que le tirará piedras haga lo que haga, hable o calle).

Su relación con el madridismo no va a modificarse. Los que le han mantenido la estima así seguirán y los que le pusieron la cruz no se la van a quitar aunque se pare cuatro penaltis. Es quizás con Florentino Pérez, el jefe que le dejó "aislado", con quien sí se agrande el deterioro. Pero aunque soterrado, su distanciamiento era ya enorme y evidente. No hace falta escuchar a los protagonistas en primer persona para saber de esa grieta. Ambos son un libro abierto desde hace tiempo a través de sus voces afines.

La gran interrogante que deja su comparecencia, más allá del lugar neutro en el que la efectúa (y que desata celos un tanto absurdos que pueden pasarle factura), es el momento escogido. ¿Por qué ahora, tanto tiempo después, y con Mourinho y el señor Karanka ya lejos (es verdad que éstos hablaron cuando ya estaban fuera del Madrid), se abre a dar su versión del conflicto que le tiró como ídolo? Su pronunciamiento actual quita precisamente valor a su silencio anterior, vendido desde el primer día como un servicio al club (una interpretación personal del propio Casillas de la que se puede deducir que sabe que hablando ahora no le hace ese bien al club). O quizás, viendo que su situación no ha mejorado con la marcha de Mourinho, ni con la de Diego López, ni con los títulos, es un intento desesperado y nuevo por revertirla. 'Veremos si hablando la cosa cambia', puede ser la lectura. Pero si ese fue el motivo, pincha también en hueso. Su caso, aunque incomprensible, no tiene solución.


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