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El ex madridista Carlos Rivera, envuelto en una pelea con un joven aficionado tras el El Palmar-Mar Menor

“Estamos llegando a una situación en la que cualquiera se quiere hacer famoso por algo”. Quien afirma esto es Carlos Rivera, jugador del Mar Menor y ex de la cantera madridista a finales del siglo pasado, hace quince temporadas, cuando Del Bosque tenía mando y voz en el club blanco, compartiendo plantilla con Aranda, Zárate o Meca. Este fin de semana fue protagonista por un suceso “del que me arrepiento por la reacción que tuve” comenta el jugador.

Una agresión fue la protagonista. El partido enfrentaba al Mar Menor, como visitante, frente a El Palmar. Así lo explica Rivera: “Cuando termina el partido, vemos que desde la grada le tiran una piedra a nuestro portero que le da en la espalda. Rápidamente voy allí y le recriminó la acción al que lo hizo. Entonces me escupe en la cara y nos enganchamos. Nos damos un puñetazo cada uno. Yo le alcanzo en el labio y él a mí en la oreja”, señala. “La diferencia es que él sangra y yo no”.

La denuncia posterior del aficionado, un adolescente de 18 años, es algo que ha pillado de sorpresa al jugador. “Allí estaba la Guardia Civil, había más jugadores, público… y no fue a más, aunque es algo que, en cualquier contexto repetiría. Puedo aceptar, que no entender, que se insulte, pero de ahí a lanzar una piedra, a agredir, dista un mundo”.

Lo peor, cuando le quedan tres meses de carrera deportiva, para el jugador “es que salga mi nombre, es algo que no me gusta, pero quiero, por otro lado que se sepa la verdad. No aguanto la injusticia y si el chaval quiere repercusión, que la busque por otras vías. Tengo 37 años casi y ya no estoy para esto”. Una dilatada carrera que le llevó además por el Rayo Vallecano, Racing de Ferrol, Cultural Leonesa, Cartagena o Marbella le sirve de sustento en sus fundamentos. “Nunca he tenido problemas con nadie. Me queda poco para dejar el fútbol y no es forma de decir adiós”.

El agredido, por su parte, en declaraciones a 'La Verdad' por parte de un familiar, indicaba que “en el campo no aparecieron piedras, sólo un capuchón de un bolígrafo” y que por culpa de la agresión tenía “varios puntos de sutura en el labio”. Ahora serán los jueces los que decidan. 


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