Deportes

Licencia para matar

Se cambian dos comas, la fecha, el lugar y el número de víctimas y el artículo vale. Lo recupero. Por desgracia e impotencia no pierde nunca su vigencia. Habla de denuncias desatendidas, inseguridad consentida y muertes promocionadas. De una tragedia habitual ante la que no se escandalizan los medios de comunicación y los aficionados se tapan los oídos, que las autoridades se quitan de encima con desinterés y falsas promesas de vigilancia y que los organizadores sortean con el aire funcionarial de quien pone un sello. Habla de rallies y su lamentable licencia para matar espectadores, en su mayoría inconscientes.

Las últimas muertes llegaron este sábado en Cantabria. Dos aficionados de los nueve que resultaron heridos arrollados por un coche participante que se salió de la trazada. Era el Rally Sprint de Miengo, en un tramo que discurría por Mogro. La vida jugada en una moneda al aire. Una ruleta rusa. Los rallies. Pocos acontecimientos deportivos son más peligrosos de presenciar. El riesgo es la muerte. Accidentes. Generalmente por imprudencia o temeridad de la propia víctima. No siempre. Da igual. Nunca pasa nada.

Los muertos en los rallies son a los ojos de la mayoría una triste anécdota, una estadística deportiva con menos valor y relevancia que los saques de esquina. Tan despreciable que ni siquiera se computa. No la llevan ni los que cuentan otros muertos, por accidente de tráfico, por violencia de género, por cáncer. Con más presencia en los zapping enlatados de la televisión, donde las imágenes de los accidentes logran ganarse un morboso hueco, pero sin peso en la parte gruesa de los noticieros. Repasen los periódicos del día, los informativos de radio o televisión. ¿Dónde aparece el suceso? ¿A qué tamaño? ¿Han escuchado la reacción de algún dirigente? ¿Algún gobernante en la zona? ¿Alguna denuncia? ¿Un propio que pida explicaciones? ¿Alguien con mando que exija una solución?

No hace falta que busquen ni respondan. Nadie llora. Ni siquiera mira. Nadie lleva la lista de accidentes al día, de las infracciones cometidas. Es la ley de los rallies, quién sabe si el principal aliciente de los que acuden en masa a las calzadas a jugarse el resto de sus días. El accidente y la muerte como partes de un guión autorizado. El mayor de los escándalos, desatendido y silenciado.

El grueso del artículo ya estaba escrito, ya se escribió y se publicó. Y se volverá a copiar y pegar. Porque desgraciadamente no pierde nunca su vigencia. No quieren.


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