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Cien años del primer partido de la selección brasileña: cuando jugaba de blanco y sin escudo

El Exeter City, que andaba de gira por Sudamérica, jugó el 21 de julio de 1914 en el estadio de Laranjeiras, la entonces cancha del Fluminense, contra un combinado de jugadores cariocas y paulistas que, por vez primera y de manera oficial, actuarían en representación del gigante de ese continente.

Cien años del primer partido de la selección brasileña: cuando jugaba de blanco y sin escudo
Cien años del primer partido de la selección brasileña: cuando jugaba de blanco y sin escudo

Europa estaba a sólo una semana de hundirse en el infierno del primero de los dos mayores conflictos bélicos de la pasada centuria. No en vano, los ecos del impactante atentado que el joven nacionalista serbo-bosnio Gavrilo Princip había cometido un mes antes en Sarajevo, sesgando la vida del heredero a la corona de Austria, el archiduque Francisco Fernando, y de su esposa, la condesa Sofía, habían llegado hasta Brasil en aquel barco que atracó en el puerto de Río de Janeiro trayendo consigo a los integrantes de una escuadra inglesa que entraría, sin saberlo, en la historia del balompié más laureado del planeta.

El Exeter City, que andaba de gira por Sudamérica, plantó bandera el 21 de julio de 1914 en el tupido césped del estadio de Laranjeiras, la cancha del entonces pijo Fluminense, para medir sus fuerzas a un combinado de jugadores cariocas y paulistas que, por vez primera y de manera oficial, actuarían en representación del gigante de ese continente. Aquel duelo, que concluiría con triunfo local por 2-0, daría el pistoletazo de salida a una Seleçao que, justo un siglo después de su bautismo de fuego, atraviesa por uno de sus momentos más delicados después del rotundo fracaso con que se ha saldado el Mundial del que ha sido anfitrión.

Cierto es que aquella no era la primera vez que los Abelardo, Oswaldo Gomes, el gran Artur Friendereich, Osman o Formiga aunaban fuerzas para defender el honor patrio. Entre 1906 y 1913 habían disputado como local seis amistosos frente a Sudáfrica (0-6); tres contra Argentina (0-4, 3-6 y 0-4); Portugal (1-0) y Chile (2-1), pero a diferencia de dichos duelos, el jugado ante los británicos fue el primero auspiciado por la recién nacida Federação Brasileira de Sports (CBD), nombre que mantendrían hasta que en 1979 cambiara por el actual de Confederação Brasileira de Futebol (CBF).

La otra novedad que dio un carácter oficial (aunque este encuentro siga sin estar reconocido por la FIFA) a tan histórico enfrentamiento fue el uniforme de los futuros pentacampeones del mundo. Aquella tarde, Brasil lució camiseta blanca con una tira azul en las mangas, carente de escudo (el primero no sería utilizado hasta 1917). Esa equipación (toda de blanco) sería utilizada por la Seleçao hasta el día del Maracanazo (16 de julio de 1950). 

La inesperada y dolorosa derrota ante Uruguay fue el pretexto utilizado por la CBD en 1954 para sacar a concurso la elección de la nueva indumentaria del equipo nacional. Un joven dibujante gaucho, Aldyr Garcia Schlee, fue el vencedor con un traje que llevaba los colores de la bandera brasileña. Su estreno se produjo en las eliminatorias de clasificación para la Copa del Mundo de Suiza. 

Aunque el horno no estaba para bollos después de lo acontecido hace escasos días en Belo Horizonte y Brasilia (humillaciones ante Alemania y Holanda), la CBF rindió este domingo homenaje a aquellos primeros próceres del entonces emergente football en el país de la samba con un partido que enfrentó, en el ahora decrépito Laranjeiras, al equipo sub 23 del Flu y al Exeter City, el mismo enemigo del primer día. 

La idea original era que fuera el equipo profesional del Fluminense quien hiciera los honores a aquellos once hombres vestidos de blanco, pero su compromiso liguero con el Santos en Vila Belmiro, obligó a alterar los planes. El choque, que esta vez acabó en tablas (0-0), gozó de toda la liturgia de un encuentro internacional: se escucharon los himnos nacionales del Reino Unido y de Brasil, hubo representación oficial de ambos países e incluso, a pie de campo, se colocó sobre un pedestal el balón original con el que Brasil echó a caminar un siglo atrás.

El pobre nivel mostrado por ambos conjuntos (el Exeter milita en la Cuarta inglesa actualmente) no fue óbice para que se viviera un ambiente festivo en las gradas, donde un nutrido grupo de hinchas visitantes, llegados a Río para la efeméride, se pasaron los 90 minutos entonando cánticos de apoyo a sus jugadores.  

Precisamente el Exeter City se llevó la Copa Marcos Carneiro de Mendonça, un trofeo que homenajeó al primer portero de la Seleçao, que también lo fue del Flu, luego de haberse pactado que, en caso de empate final, la copa conmemorativa del partido iría a parar a las vitrinas del equipo invitado. Barbara Heliodora, hija del célebre cancerbero, fue la encargada de entregar el premio al capitán forastero. Una imagen, por cierto, que empieza a tornarse cotidiana en Brasil.


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