Organización y votaciones desvelan numerosas incongruencias en el trofeo

Balón de Oro: muchos más lunares que los del traje de Messi

Chauvinismo, presiones, amiguismos, triquiñuelas... Tanto los organizadores como las propias federaciones o directamente los votantes puntúan de forma extraña en un premio que, sin embargo, no admite discusión por la categoría de Messi. 

Ni la incuestionable calidad de un fuera de serie como Messi es capaz de apagar las críticas a un trofeo que tiene demasiadas aristas que le asemejan al popular Festival de Eurovisión. Luces, parafernalia, música, publicidad, amiguismo se mezclan en las votaciones y en una gala cuya misión, antes que premiar de verdad a los mejores, es vender al mundo el producto de eso que llaman fútbol moderno.

Por suerte para la FIFA –y desgracia para el resto de jugadores del planeta-, la elección de Messi como cuarto ganador consecutivo del Balón de oro era irrefutable. Siempre, claro está, admitiendo que se vota al mejor del mundo y no al que ha completado un año más brillante, otra de las falacias. Pero el procedimiento y todo lo que ha rodeado una edición más a este galardón presenta lunares más llamativos que los que lució el propio futbolista argentino en el sorprendente traje de pajarita con el que se presentó a recoger el aúreo premio.

En el Balón de Oro votan tres personas por cada país afiliado a la FIFA: seleccionador, capitán de la selección y un periodista. Si el dominio del astro del Barcelona no fuera tal, una primera fuente de distorsión importante sería la regla que permite a esos votantes dar puntos a futbolistas (y entrenadores) compatriotas.

Uno de los casos más llamativos es el de Joachim Löw, que dirige a Alemania y dio la máxima puntuación (5) a su paisano Özil, la segunda (3) al también germano Neuer y la tercera y última (1) a Xavi. Curiosamente, ni el capitan, Lahm, ni el periodista teutón dieron un solo punto a los suyos.

Caso similar, esta vez por afinidad, es el de Bougherra, capitán de Argelia que votó como mejor jugador al francés Benzema. Nadie más mencionó al delantero del Real Madrid entre los tres primeros. De paisano a paisano, también Xabier Azkargorta, seleccionador de Bolivia, barrió un poco para casa y le dio un punto a Xabi Alonso.

El chauvinismo podría evitarse con una sencilla prohibición, pero no así el amiguismo. ¿Qué decir de Vucinic, capitán de Montenegro, que votó a dos de sus compañeros de la Juventus: Buffon en primer lugar y Pirlo, segundo? Su última mención fue para Ibrahimovic.

Hablando del sueco, es curiosa la fraternal afinidad entre las federaciones escandinavas. De Islas Feroe, Islandia, Noruega, Finlandia y, por supuesto, Suecia le llovieron puntos al buen delantero del París Saint Germain. Como sucede con los cantantes de Eurovisión.

Aparte de estas circunstancias más o menos genéricas, hay otras curiosidades, la mayoría inexplicables, en las votaciones del Balón de Oro:

- ¿Por qué Cristiano, capitán de Portugal, no votó? Aduce que se lesionó y que por eso cedió su potestad de elección a Bruno Alves, pero un percance físico no es excusa que impida dar tres sencilla puntuaciones. Lo que sí logró con su renuncia es que Alves le diera a él 5 puntos y 0 a Messi, algo que el propio Ronaldo hubiera tenido más difícil por aquello del qué diran.

- Varios países -por ejemplo Angola, Irán, Irak o Costa de Marfil- sólo tienen al periodista como representante con voto. Ni seleccionador ni capitan figuran en la lista de los que han puntuado.

- Los capitanes de Austria, Laos y Palestina eligieron como tercer mejor futbolista de 2012 al polémico Balotelli.

- Los capitanes de Lituania y Zimbabwe y el periodista de Gales dieron puntos a Piqué.


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