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Supercopa a una hora golfa y con 213,5 millones en fichajes entre Real Madrid (120) y Atlético (93,5)

El calendario, que cada año hace amanecer antes a la Liga, ha desembocado en paradoja. Se confunden el mercado y el césped, que en el pasado eran sucesivos en el tiempo y ahora son coincidentes. Queda la Supercopa de España en medio, entre dos aguas y en una constante paradoja. La ida se juega esta noche, a partir de las 23.00 horas en el Bernabéu, entre el Real Madrid y el Atlético.

Por un lado, es un título menor y cuenta más como acumulado que por sí mismo. Pero no deja de ser algo oficial, más aún cuando lo que se dirime no es sólo un trofeo veraniego, también un derbi que llega en el mejor tiempo que ha vivido el duelo en años, quizá en su historia. Habrá en el Bernabéu un campeón de Liga, el Atlético, y otro de Europa (y de Copa, que es por eso que está en la competición), el Real Madrid.

Los clubes, además, están más pensando en el mercado que en el fútbol, por inminente que este sea. Al Madrid le quedan diez días para soltar a Di María, en contra de la voluntad de la grada, que le tiene entre sus favoritos y, dicen, de su entrenador, que le reconoce su labor multiusos y su derroche de energías. La directiva piensa en la cartera, pues incluso los gigantes tienen que reparar en el tema. Se dio por hecha su salida hace días, se habló incluso de 80 millones de euros de precio, pero por el camino el principal postor, el PSG, se vino un poco atrás en el envite. Se sigue dando por segura su venta, aunque quizá baje la factura. El otro destino posible es el Manchester United, un coloso que en los últimos años se ha acostumbrado a fichar tarde (y caro) y que se ve aún más necesitado tras empezar la Premier con derrota.

El caso es que ahora mismo el Real Madrid sólo puede contar 20 millones de ingresos por ventas, los que le costó Morata a la Juventus, puesto que lo demás ha salido por cesión o con carta de libertad. Las compras son 80 de James, 30 de Kroos y 10 de Keylor Navas. En total, y como saldo, 100 millones de gasto. La salida de Di María o Khedira cambiaría la cuenta. No llegarán más fichajes, aunque se haya hablado del exrojiblanco Falcao. Suena más a movimiento del superagente Mendes, que quiere retirar a sus efectivos del Mónaco, club del que ya no se fía. Aunque igual una derrota lleva al Madrid a los nervios, que tampoco sería la primera vez.

En el Atlético también se habla de salidas, de entradas y, cómo no, del rival. Dice Simeone que su equipo ha incorporado con 95 millones a siete u ocho jugadores mientras que el Madrid ha gastado lo mismo en solo dos jugadores (en realidad 120 con tres, pero la cuenta es suya). El argentino hizo de las cifras filosofía para llevar a su equipo a la cúspide y no va a rebajar el discurso porque la realidad ya no se apañe con un par de frases contundentes. Si antes hablaba de dos glotones de presupuestos de fichajes ilimitados hoy el problema es el método de gasto, la distribución del dinero, pues las cifras, en unos y otros, ahora se parecen. Todo vale para hacerse la víctima, que es una táctica no precisamente nueva.

El Atlético descubrió el pasado curso que puede ganar y decidió que en el verano no iban a buscar menudencias sino a pegarse en el mercado. La final de la Liga de Campeones, los taquillajes por ser campeón de Liga, una serie de ventas importantes y la reducción reciente de la deuda con Hacienda (esa que su presidente se toma a broma) hacen que, si bien no pueden ser Madrid o Barcelona, sí quieren reclamar la posición de un escalón propio, por encima del resto de la manada. Véase el caso de Griezmann, estrella de un equipo que aspira a Europa, a la Champions incluso, que sale camino del Calderón mientras la Real tiene que buscar remiendos para que se note lo menos posible la salida del jugador. Esa, que era la maniobra tradicional de los rojiblancos, ahora es algo del pasado. Ha llegado la ambición del Atlético, que se ve compitiendo aunque en cada frase de su entrenador haya una salva de precauciones. En eso no cambiará, es parte de la táctica.

Cierto es que se fueron Diego Costa (38 millones), el artillero, y Filipe (20), el lateral y principal armador del equipo desde la banda. Lo del portero, Courtois, es otra historia, pues siempre se supo que estaba de paso. También se fue Adrián, valorado en 11 aunque en realidad no vaya a haber dinero de por medio por ser saldo de antiguas operaciones. Para solventar las ausencias (que hubiesen sido más de no haber un vodevil con Tiago) el Atlético ha fichado a Oblak (16), Moyá (3), Siqueira (10), Ansaldi (cedido), Jesus Gámez (2.5), Griezmann (30), Raúl Jiménez (10) y Mandzukic (22).

Y lo que venga, pues parece claro que el Atlético no ha cerrado el mercado. Lo de las posibles llegadas, eso sí, es un misterio. Se habla desde Reus a Jurado pasando por Cerci con una facilidad que solo es comprensible en el ciclotímico entorno rojiblanco. En total, y a falta de al menos un fichaje, el Atlético tiene un saldo de 35.5 millones de euros. Una auditoría de gestión contaría también los costes de mantener a determinados jugadores que, con la subida de su caché, se han quedado cobrando más dinero. La ambición lleva a blindar futbolistas.

Falta por saber también si algún jugador más se marchará del Calderón en busca más oportunidades. Ya lo han hecho Oliver y Guilavogui, no se descarta que se vayan otros, como el prometedor Saúl. Simeone, lo ha demostrado, no es técnico de confiar en los jovenes. Debe pensar que lo suyo no es eso, sino formar equipos competitivos. No le ha ido mal.

La sesión golfa

Y todo este magma de cifras y anhelos, de ventas y aspiraciones, confluye en un partido que, como casi todo en el fútbol español, tiene algo de sainete. Es imposible pensar en otro país del mundo en el que un encuentro así se jugase en el día escogido por la UEFA para disputar las eliminatorias previas de Champions. Pero en España sí, porque es capaz evitar el horario del partido fuerte, el del Athletic contra el Nápoles en este caso. Y lo logra poniendo un partido a las 23.00 horas, algo increíble en cualquier otro lugar. Los valientes que decidan acudir al Bernabéu estarán allí hasta la una de la mañana, descartando así a todos aquellos que al día siguiente necesiten madrugar. Casi imposibilita incluso para verlo en casa. Si se quiere hacer del fútbol algo para todos habrá que empezar a diseñar una competición menos loca, que evite las sesiones golfas y se dispute en términos más lógicos. Un camino que está por explorar y que cada año parece más alejado.

* Todas las cifras de este artículo, a falta de datos oficiales, han sido tomadas de la web Transfermarkt. La transparencia brilla por su ausencia. 


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