Democracia y mercado

Los votantes desertores del PP: quiénes son, qué buscan y a dónde van

Últimamente tenemos muchas encuestas electorales en España. Mejor dicho, tenemos más o menos el mismo número de encuestas de siempre pero les prestamos mucha más atención. Gran parte de este escrutinio se destina a Podemos. Y es normal: al fin y al cabo no pasa todos los días que un sistema de partidos de dos décadas de antigüedad se ve amenazado por un proyecto de jóvenes politólogos que no tiene ni un año de vida. 

Pero las encuestas nos están hablando de otra cosa que tampoco se ve todos los días. Resulta que un partido que hace solo tres años consiguió acaparar el mayor poder en democracia que ninguna formación haya tenido (al menos después de UCD) está hoy en la peor situación posible. Diría que nadie, o casi nadie, en el PP estaba esperando semejante desmoronamiento antes de comenzar la travesía en el desierto que ha sido este ciclo electoral. Las últimas encuestas dan a los populares entre un 20% y un 27% de los votos, cayendo prácticamente a la mitad desde su 44.5% en 2011. Hablamos de millones de personas, alrededor de tres, cuatro o cinco (dependiendo de la abstención y del tamaño del censo). En las autonómicas y locales de mayo peligran tanto algunos sus feudos históricos como otros territorios recién conquistados. ¿Pero quiénes son todos esos votantes? ¿Por qué se han ido? Y lo más misterioso de todo: ¿a dónde han ido a refugiar sus esperanzas políticas?

Lo primero que nos dicen (casi nos gritan) los datos es que el PP está perdiendo sus apoyos más moderados. Utilizando el barómetro del CIS de julio* y desgranando los datos se puede construir un perfil ideológico de aquellos ciudadanos que declaran su intención de votar por el PP en las próximas generales (o al menos una simpatía por el partido). Los llamaremos "los que siguen apoyando al PP". Este perfil se puede contrastar con el de quienes de hecho votaron a Rajoy y a su lista en noviembre de 2011 pero ahora declaran que no volverán a hacerlo, y que ya no sienten ningún tipo de simpatía por la formación. Son, claro, "los que ya no apoyan al PP". El gráfico siguiente nos da la distribución en la escala ideológica de 1 (extrema izquierda) a 10 (extrema derecha) de cada perfil.

La cosa está clara: quien abandona el barco es mucho más moderado ideológicamente que quien se queda. De hecho es posible poner etiquetas a estos números. El CIS pregunta a los españoles cómo se autodenominan en términos ideológicos. Resulta que un 64.5% de los simpatizantes del PP son conservadores, pero solo un 16.8% de quienes les votaron pero se van se declaran tal cosa. Éstos se ven a sí mismos más como demócrata-cristianos, liberales o incluso progresistas. El PP se está convirtiendo (si es que no lo fue siempre, dirán muchos) en un partido netamente conservador.

No solo en el clásico eje de izquierda y derecha es esto cierto. También sirve para la posición de cada perfil en el dilema nacional. El siguiente gráfico es particularmente jugoso. Nos cuenta que los que se quedan junto al PP son mucho más partidarios del centralismo total y algo más amigos del statu quo, pero no necesariamente de una reforma, sea ésta favorable a Madrid o, al contrario, en la dirección de dar más poder a las Comunidades.

Inmovilistas y maximalistas quedan, pues, más contentos con la actitud del PP frente a los conflictos de carácter nacionalista. Pero todos los reformistas parecen sustancialmente menos a gusto

Más allá de opiniones, hay también diferencias estructurales entre los que se van y los que se quedan en la órbita popular. Como se aprecia en el siguiente gráfico, los parados, los trabajadores de servicios y los profesionales cualificados en general son bastante más abundantes entre los ex-simpatizantes.

En suma, parece que el votante que huye del PP lo hace porque no siente que el rumbo actual de la formación concuerde con sus intereses más moderados y reformistas. Se trata además tanto de personas que han salido perdiendo con la crisis (parados) como otros que tienen una mejor posición profesional. En definitiva, una pérdida de hegemonía con todas las de la ley

Y a dónde van estos votantes que buscan, aparentemente, más cambio y moderación. Hay varias hipótesis flotando en el ambiente al respecto. La más difundida (también entre los politólogos) es que hay una gran cantidad de voto oculto, esperando a volver al PP cuando se vean ante la urna pero que ahora mismo no quieren admitir en voz alta (o admitirse a sí mismos) que eso pueda suceder. El fenómeno está bastante estudiado en la disciplina, y no solo no es descartable que así sea sino que los encuestadores ya lo tienen en cuenta a la hora de estimar la intención de voto a cada partido en la ya famosa "cocina" que hincha (de manera justificada) las respuestas de los ciudadanos. Lo que dicen muchos es que incluso aquí se está siendo conservador, y que en realidad el PP se alzará con aún más apoyos al final de la carrera.

Yo, la verdad, creo que la posibilidad de que esto pase es real porque contamos con varios casos, tanto dentro como fuera de España, de situaciones similares. Como también creo que en ningún caso esta remontada llegará ni tan siquiera a acercar al PP a las cotas de 2011. En una frase, el daño más grande está hecho. El gráfico siguiente muestra a dónde irán quienes votaron y ya no votarán (o eso dicen) al PP.

La abstención domina sobre todas las demás opciones junto al voto en blanco, lo cual nos debe hacer sospechar de voto oculto. Pero, insisto, no creo que todas estas personas (millones, al fin y al cabo) vuelvan al redil. Una parte, probablemente. No más.

El porcentaje de cooptación por parte de UPyD, Ciudadanos y PSOE es sorprendentemente bajo dado el perfil moderado del que se va del PP. Del último sabemos que está completamente desgastado ante la opinión pública, y de Ciudadanos, que en julio no hacía sino echar a andar en el ámbito estatal. Pero la falta de recorrido de UPyD es preocupante (algo de lo que ya hablé largo y tendido cuando me preguntaba por qué el partido de Díez no arrasa).

Y Podemos, para terminar. Podemos se alza con un nada despreciable 10% del abandono del barco popular. Muy lejos de los deseos de Iglesias y compañía, a veces transformados en hipótesis que, a la vista de este y otros datos, resultan demasiado aventureras para la tozudez de las cifras.

En definitiva, del PP parece que se va mucha gente. Se va sin saber bien a dónde ir, y eso que sus intenciones son aparentemente sanas. Dentro de la moderación, al menos. Se está abriendo un boquete de proporciones considerables en el centro de nuestro sistema político. Lo cual, de paso, está moviendo a las bases de uno de los dos partidos protagonistas de la historia reciente del país hacia posiciones peligrosamente escoradas. Nos falta ver quién lo va a llenar.

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*Los ficheros del barómetro de octubre no se descargan correctamente a pesar de estar enlazados en la web. Si alguien del CIS me está leyendo no estaría de más que le echasen un ojo a la cosa. En cualquier caso no cabe esperar que la imagen haya cambiado demasiado. Si acaso las tendencias aquí observadas serán más profundas.


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