Democracia y mercado

El momento de Ciudadanos

Hay un boquete abierto en el centro-derecha español. Entre aquellos ciudadanos que votaron al PP en 2011 y ahora declaran que ni piensan volver a hacerlo ni sienten simpatía alguna por la formación popular podemos contar tres millones y medio de personas (un 9.6% de la población en edad de votar según el barómetro del CIS de octubre). Reduciendo la estimación a aquellos que se declaran entre el 5 y el 7 de la escala ideológica, una posición centrada ligeramente escorada a la derecha, se trata de dos millones de almas buscando un nuevo horizonte político. Últimamente muchos se preguntan si este horizonte está marcado por Ciudadanos. 

De momento sus números en el CIS son modestos: solo unos 290.000 de los antiguos votantes del PP estarían dispuestos a dar su apoyo a Ciudadanos sumando intención de voto y simpatía declarada. Incluso Podemos tiene mayor éxito (casi medio millón). Sin embargo, cabe subrayar que ya superan a UPyD (175.000) y que la tendencia según otras encuestas más recientes, como la última de Metroscopia, es claramente al alza. Como ya apuntaba en su completo artículo del martes la politóloga Marta Romero, esta tendencia está liderada por votantes de clase alta y nivel de estudios elevado.

Es particularmente llamativo el éxito de Ciudadanos entre aquellos que habitan un hogar con rentas superiores a seis mil euros al mes (fíjese el lector en que la escala no es de 0 a 4 por cien en este caso, sino a 20 por cien). Si bien se trata de un dato que cabe poner en cuarentena puesto que los barómetros del CIS no traen una muestra estratificada para niveles de renta, incluso dentro de un error razonable la diferencia es abismal y casa con la clasificación de clase hecha por el propio CIS, ésta sí correctamente estratificada para que los resultados resulten seguros. Desde el partido harían bien en pensar por qué se da esta tendencia de manera tan marcada, y sobre todo en cómo no quedarse atascados en unos sectores que no representan a la mayoría de la población y, por tanto, son un granero de votos potenciales bastante limitado

En el plano ideológico, sin embargo, Ciudadanos se encuentra mucho mejor posicionado para llegar a un número nada desdeñable de votantes. 

Para empezar, la distribución de sus simpatizantes se encuentra en un punto medio entre lo que es el perfil actual del PP, más escorado a la derecha, y el de aquellos que se lo han abandonado, mucho más centrado en el 5. UPyD, por su lado, está intensamente ubicado justo en ese valor de centro-centro-izquierda, tal vez un poco en exceso como para resultar un valor más transversal. Resulta significativo, mas no sorprendente, que los datos vengan a apoyar* lo que ya apuntaba Lluís Orriols hace más de un año y que Romero retomaba en su nota: que una vez eliminamos el ‘factor Catalunya’ de Ciudadanos, éste se convierte en una formación más moderada, y por tanto aún más cercana si cabe al perfil del ex-votante del PP. El consejo estratégico parece claro: parecerse más a lo que el votante no tan interesado en las cuestiones relacionadas con la independencia espera.

Lamentablemente, seguir esta directriz de manera clara no es garantía de éxito. Antes al contrario: para Ciudadanos, los votos obtenidos en Catalunya, donde las encuestas le colocan ya por encima del PP, son fundamentales también para obtener un resultado notable en las generales. Para sus votantes, el problema del modelo de Estado parece ser importante.

Y, por supuesto, Ciudadanos tiene un mayor éxito entre aquellos con una tendencia centralista. Así pues, Rivera y los suyos se enfrentan más bien a un dilema causado por el hecho de que la posición ideológica en la escala izquierda-derecha y las preferencias sobre el modelo de país no son independientes entre sí, sino que guardan en España una cierta relación. Resulta todo un reto para una formación de carácter estatal situarse en un espacio similar al que ocupa, por ejemplo, CDC en Catalunya pero con respecto al ámbito español, esto es: una plataforma liberal-conservadora, cercana al centro antes que al extremo derecho y con una preferencia nacional fuerte.

A pesar de este dilema, Ciudadanos parece en posición de absorber una parte significativa de los dos millones de votos de los que hablaba al principio. Para ello tendrá que librar una batalla con UPyD, con Podemos y con el propio PP, además de la abstención. Con respecto a los primeros y a los terceros, su mayor activo es la novedad, el poder situar a su líder y a su marca como algo (permítanme la comparación) similar a un Podemos de centro-derecha. Para ello debe ser capaz de corregir su marcado perfil de clase. Además, ha de construir un conjunto de propuestas, o cuanto menos de demandas, que resulten más coherentes para su votante potencial que lo que UPyD o Podemos tienen que ofrecer. Para ello, haciendo caso a este gráfico, deberá hacer hincapié en propuestas de corte menos conservador. Sin embargo, la tendencia liberal-progresista de UPyD tampoco ha resultado en un éxito arrollador, precisamente. El jeroglífico no resulta fácil de descifrar. Y la tentación de mirarse en el espejo de Podemos es grande (sin ser necesariamente una mala idea, estratégicamente hablando): un discurso moderadamente populista, pro-eficiencia, anti-corrupción y anti-estatista, cargando (algo) las tintas contra las Comunidades Autónomas, defendiendo a empresarios y (sobre todo) a profesionales cualificados, muy centrado en usar el cambio en las reglas de juego para evitar el éxito sistemático de una ‘casta’ o ‘élite extractiva’, por seguir una terminología otrora célebre. 

¿Puede, por último, Ciudadanos soñar con ser realmente un Podemos de derechas en el sentido de amenazar al PP de la misma manera en que Iglesias y los suyos lo han hecho con el PSOE y con IU? La verdad es que resulta bastante dudoso por una razón tan sencilla de entender como, por ahora, difícil de cambiar: el PP reina en el terreno más allá del centro-derecha.

Sus votantes potenciales le ven más cercano a su ideología a medida que avanzamos en la escala. Con Ciudadanos sucede justo lo contrario: su imagen de moderado le persigue y se acentúa entre los más extremistas, haciendo muy improbable, por el momento, cualquier avance espectacular en ese sentido.

Nos encontramos en cualquier caso ante un proceso naciente cuyo avance es difícilmente previsible. La oportunidad electoral es evidente, pero delimitada. Estos límites están claros: armar una coalición de centro escorado a la derecha que dependa en el grado justo (y difícil de encontrar) del eje nacional, con un discurso ajustado a las demandas de una clase media en adelante que esperaba más de su partido tradicional, el PP, que sigue ocupando el espacio más allá de la moderación. El premio, unas dos millones de personas que venderán caro su voto.

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*Nota técnica: los datos correspondientes a este gráfico se han obtenido a partir de la suma de voto+simpatía de los microdatos a nivel individual del barómetro de octubre del CIS. En tanto que trabajamos con muestras muy pequeñas con los casos de Ciudadanos y UPyD, el margen de error es considerable si se utiliza un nivel de confianza elevado. Así pues, toda la información de esta gráfica se ofrece a modo ilustrativo y en ningún caso debe servir para extraer conclusiones en firme.


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