Democracia y mercado

¿Quién va ganando la lucha por el menguante centro político?

“Las elecciones se ganan en el centro”. Probablemente esta es una de las frases más utilizadas por analistas electorales en España, y en tantos otros lugares. No osaré intentar confirmar o rebatir tal idea aquí, pero sí contaré la historia de cómo esto era más cierto para muchos partidos hace un año o dos. No es que hoy se pueda ganar poco entre los votantes moderados, es que más bien antes se podía ganar más. Y, coincidiendo con la que estoy seguro será la sensación de muchos lectores, parece que no pocos partidos han dejado pasar una oportunidad en el pasado reciente. En resumidas cuentas, el centro político se está reduciendo, aunque sigue siendo fundamental. Es por eso mismo que la competencia es cada vez más feroz en este espacio menguante. Y hay alguien que, por el momento, se está llevando el palo al agua: sí, se trata de Podemos. Pero no solo: Ciudadanos muestra una capacidad nada despreciable en este entorno, sobre todo teniendo en cuenta lo joven de su proyecto (a nivel nacional). En cualquier caso, el momento del asalto fue 2013. Y los demás (UPyD, PSOE, PP) van tarde.

A falta de una aproximación más afinada, definiremos aquí como “centro” a aquellas personas que se ubiquen en los puntos 5 y 6 de la escala ideológica de 1 (extrema izquierda) a 10 (extrema derecha) que el CIS propone a los ciudadanos en sus encuestas. La reciente reducción relativa del centro político en España es un fenómeno que coincide, y no por casualidad, con la crisis económica y sobre todo con el viraje llevado a cabo por el gobierno de Zapatero en 2010.

Es entonces cuando se observa claramente un cambio de tendencia que se complementa con el aumento relativo de votantes que se sitúan a la izquierda (1-4). De manera que, mientras que por 2009 el centro político contaba con un 35% de los votantes, hoy son menos del 26% quienes se declaran en el espectro 5-6. Habida cuenta de la poquísima gente que se declara netamente de derechas (7-10) y de la relativa estabilidad de quienes prefieren no ubicarse en ningún punto de la escala ideológica, el pastel sigue siendo jugoso. Pero lo es menos que el de el conjunto de la izquierda, lo cual explique probablemente por qué el principal

Aún así, un 25.6% de votos corresponde a más de nueve millones de almas, asumiendo el censo de las elecciones de 2011. Es éste un pastel que tradicionalmente ha correspondido al PP y, aunque en una medida ligeramente menor, al PSOE. Mientras el primero se llevaba una parte muy significativa de “los del 6” y otra nada desdeñable de “los del 5”, el segundo conseguía muy poco en el 6, y bastante en el 5 pero sin dominar de manera arrasadora. En conjunto, el PP llegó a contar con casi el 40% de los votos de centro en España.

Pero desde 2011 no ha hecho sino caer. En picado, además. No ha sido el PSOE quien ha aprovechado esta tendencia, como solía suceder en la década anterior. Los socialistas han caído también hasta el punto de que, en el barómetro del CIS del mes pasado, Podemos les superaba en voto+simpatía en esta franja.

Más llamativo es, si cabe, el frenazo de UPyD tras dos años de ascenso. Un espacio que en principio debería ser el natural de un partido reformista como el de Rosa Díez no pudo capitalizar en su momento la impresionante bajada del PP y el hueco que dejaba el PSOE. Ahora es de esperar que pague caro la falta de audacia, porque parece que la ventana de oportunidad se está cerrando. El siguiente gráfico muestra el porcentaje de votantes de centro que declaran que van a votar en blanco, que no saben a quién votarán o que se abstendrán. Nótese que se trata de la proporción sobre el total del censo.

Antes de 2011 lo normal era tener en torno a un 8%-9% del censo declarándose de centro e indeciso. En 2012 la tendencia cambió, y en 2013 un 13.6% de los votantes tenían este perfil.Si asumimos el punto más bajo de la serie (un 8%, dado por las encuestas justo antes de las elecciones de 2008 y 2011) como “abstencionistas estructurales”, tenemos un 5.6% de todo el censo buscando opciones en el centro político. Unos dos millones de votos. Ni más ni menos. 

Este año la serie ha vuelto a sus valores anteriores, también empujada por el hecho de que el centro mismo se ha reducido, como veíamos al principio. El espacio abierto por el deterioro del PP y, en menor medida, del PSOE se ha ido cerrando gracias al impulso de Podemos. Ese 14.6% de votantes centristas que, por el momento, la nueva formación tiene en sus manos significarían, efectivamente, unos dos millones de votos con un censo de 36. No cabe duda de que los números son casuales, pero a veces las casualidades resultan en bellas ilustraciones de algo más. En este caso, del asalto de una nueva plataforma a un espacio de oportunidad política no visto en años… y de la cara con la que se han quedado los demás, viéndolas venir. Más específicamente: que los indecisos, abstencionistas y votantes en blanco en el centro del espectro aumentasen y al mismo tiempo UPyD no haya sido capaz de consolidar su ascenso paralelo da una medida del problema a que se enfrenta esta formación. Problema que no depende únicamente de sus capacidades: al fin y al cabo, resulta discutible que puedan combatir el hecho de que el electorado moderado se esté yendo hacia la izquierda.

Por último, un matiz: no nos dejemos llevar demasiado lejos por esta, en parte, artificial unión de cinco y seis en la escala. Una vez desagregados, es fácil comprobar que Podemos consigue muchos más apoyos entre el centro-izquierda (5) que en la parte derecha (6). El ataque de Pablo Iglesias y los suyos es a la centralidad, sí, pero de y desde la izquierda. Si bien eso no quita para que genere, digamos, daños colaterales. Esto, por cierto, es válido también (si bien a otra escala, claro está) con UPyD, quien se comporta mejor en el 5. Al revés pasa con Ciudadanos, por cierto: la mayoría de su aún incipiente crecimiento se centra en el 6. Quienes discuten dentro de ambas formaciones si unirse o no deberían preguntarse si no vale la pena unir ambos electorados, tan cercanos entre sí que tampoco parecen imposibles de mezclar en relativa armonía. También, un PSOE que decida recuperar posiciones también necesita comprender que incluso este espacio se le está reduciendo. El dilema a que se enfrenta esta formación no podría ser más duro: ir hacia una izquierda que le rehuye y abraza a Podemos, o moverse hacia un centro menguante.

No está de más recordar que todo este baile de números son encuestas, y nada más. Que si bien son el mejor instrumento de que disponemos para conocer la realidad electoral, son una herramienta en cualquier caso impertecta, jamás definitiva (menos aún en tiempos convulsos). Aún falta mucho tiempo para que se juegue el partido, y hasta entonces los equipos tienen tiempo para reenfocar estrategias. Pero el reloj corre y la gran oportunidad pasó. Siempre se puede colar un pase en profundidad en el último minuto.


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