Democracia y mercado

El desigual reparto de las rentas en España

España es el país de la OCDE donde más se ha incrementado la desigualdad en los últimos tiempos.

Probablemente este es uno de los titulares que más veces hemos leído en los últimos tiempos. Y es cierto. Entre 2007 y 2012, por ejemplo, la diferencia entre el 10% que más ingresa y el que menos lo hace ha pasado de un ratio de 4.3 a 5.4. No sabemos todavía si este espacio se ha abierto por la coyuntura económica, y por tanto remitirá cuando el paro se reduzca (aunque hay pocas esperanzas de librarnos de un considerable nivel de desempleo estructural en forma de larga duración) o si estamos asistiendo a un cambio de talante más estructural que vendría a contrastar con la reducción de la desigualdad observada en España en las últimas décadas. Pero la cuestión es que el espacio que se abre entre las rentas está calando en el debate de políticas públicas, llevándonos a cuestionar aspectos relacionados con sobre qué ingresos ponemos qué tipo de impuestos.

Sin embargo, considero que antes de empezar a discutir soluciones debemos tener una percepción algo más matizada de un problema enormemente complejo, aunque nos restrinjamos al aspecto de rentas como yo haré aquí, dejando de lado el capital (el patrimonio) en beneficio de la parsimonia y de seguir el tono del debate público. Los datos, aunque inseguros ante un fenómeno tan multidimensional, son suficientes para iluminar ciertos ángulos oscuros.

España se encuentra un poco entre los otros dos casos extremos, con unos ricos no tan ricos como los americanos pero más que los suecos

Quizá no es tanto que los ricos se hayan hecho más ricos…

En el siguiente panel se compara la evolución de los ingresos más altos en España con respecto a un país referente histórico en igualdad (Suecia) y otro en desigualdad (Estados Unidos) dentro del conjunto de Estados occidentales. Por un lado se considera la proporción que representa sobre el total de ingresos el top 10%, top 1%, top 0.1% y top 0.01% de la población con más renta de cada país. España se encuentra un poco entre los otros dos casos extremos, con unos ricos no tan ricos (ni de lejos) como los americanos pero más que los suecos. En valores absolutos, Suecia ha pasado a superar a España en todos los frentes de las rentas top. No hablemos ya de Norteamérica, donde cualquiera de los ingresos anuales medios para los top es varios órdenes de magnitud mayor que en nuestro país. Es necesario subrayar que las diferencias en las medias no parecen justificar esta gran separación: en 2012 el PIB per capita español solo era un 54% del estadounidense, y no un 28% como lo es la renta del 10% que más ingresa.

En resumen, los datos nos señalan que no ha habido un gran “despegue” de las rentas altas en nuestro país. Tampoco en estos tiempos de crisis. Desde luego, nada siquiera un poco similar a Estados Unidos, donde tanto en términos relativos como absolutos el top está muy, muy por encima de los demás. Allá, el debate de la desigualdad incluye un componente fundamental respecto a las rentas muy altas. Aquí parece un tanto más difícil proponer que esta sea la base para la discusión política al respecto. Es imprescindible recordar que estamos hablando solo de rentas, dejando fuera la dimensión patrimonial. Así que estas evaluaciones no sirven para discutir la importancia de las élites económicas en la desigualdad en general, sino solo en los ingresos.

La raíz del hueco que se está abriendo en la sociedad española es más el deterioro de las clases bajas que cualquier otra cosa

…como que los pobres se han vuelto más pobres.

Otro lugar común en nuestro debate es “la desaparición de la clase media” o de las rentas medias. Pero de nuevo, los datos llegan tozudos para poner en duda tal fenómeno. Pepe Fernández-Albertos ya advirtió en un fantástico artículo (del cual el presente texto, más informativo que otra cosa, es claro deudor) que quizás el incremento de la desigualdad de rentas en España tenía poco que ver con esta supuesta caída en desgracia. Yo vengo a añadir un puñado de cifras que apoyan su tesis de que, en realidad, la raíz del hueco que se está abriendo en la sociedad española es más el deterioro de las clases bajas que cualquier otra cosa.

El gráfico muestra tanto las ganancias como las pérdidas relativas de renta para cada decil de la distribución, empleando los puntos de corte como referencia. Por ejemplo: el “punto de corte” entre el segundo y el tercer decil es justo la cifra de ingresos límite entre el 20% y el 30% que menos gana de España.

La progresión es clara tanto en la época de bonanza (2004-2008) como en la crisis (2009-2013): las rentas más humildes sufrieron proporcionalmente más cuando las cosas iban mal, y ganaron menos cuando iban bien. Nadie gana en crisis, y las diferencias en bonanza tampoco son abismales ni mucho menos en direcciones distintas: todos ganaron y todos perdieron, aunque en proporciones diferentes. Es decir: la raíz del incremento en la desigualdad de rentas vendría dado, sobre todo, por un desigual reparto de los costes que afecta particularmente a las capas con menos ingresos de la sociedad. 

Que esta tendencia venga de antes de la crisis debería, además, poner en duda que el origen de la desigualdad de rentas en España sea meramente coyuntural

El hecho de que esta tendencia venga de antes de la crisis debería, además, poner en duda que el origen de la desigualdad de rentas en España sea meramente coyuntural. Es cierto que, como he apuntado en el apartado anterior y como subraya Fernández-Albertos en su nota, no parece que tengamos en España un grupo de rentas altas despegándose del resto de la sociedad como pasa en Estados Unidos, y por tanto los argumentos del tipo “élite” contra “todos” no parecen demasiado acertados para definir nuestra realidad (al menos en la dimensión de renta, insisto). Sin embargo, no es menos verdad que entre 2004 y 2007 el 10% con menos renta de España pasó de poseer un 2.6% del total a un 2.4% del mismo. En el mismo tiempo, el 10% que más ganaba pasó a acaparar de un 23.3% a un 23.6% del conjunto de los ingresos. Entre 2009 y 2013, mientras el decil más pobre perdía otros tres puntos porcentuales, los de más renta se mantenían sin cambios. El reparto desigual no parece flor de un día.

Qué hacer ahora

Hay una asunción planeando por todo este texto: que la desigualdad importa y es algo a modular. Puedo argumentarlo sin necesidad siquiera de recurrir a la justicia, esgrimiendo tanto la igualdad de oportunidades (pdf) como la eficiencia. Pero al final es una decisión de carácter normativo, que de hecho parece ir en línea con una parte creciente del debate político español, como apuntaba al principio. No pretendo que el presente artículo justifique por qué debemos luchar contra una excesiva desigualdad de renta, sino más bien aportar algunas pistas sobre su forma para centrar el debate. Si convenimos que no nos encontramos ante un despegue masivo de las rentas altas ni ante una desaparición repentina de la clase media, sino más bien ante un reparto desigual de costes y beneficios que afecta más negativamente a los niveles más bajos, considero que la gama de propuestas defendidas por aquellos a quienes preocupe la desigualdad de rentas debe relacionarse menos con tasar a quienes más ganan, y en su lugar encaminarse tanto a luchar contra la reproducción de la pobreza como a asegurar un reparto más equitativo de los beneficios (y de los costes) derivados de la actividad económica. Educación infantil y sindicatos sería una bonita, aunque simplista sin duda, forma de ponerlo. Quizás es solo un buen lugar por el que empezar a discutir.


Imagen: La huelga de los mineros en Pas-de-Calais. Revista Le Petit (1906)


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