Democracia y mercado

UPyD o cómo romper un partido en cuatro pasos

1. Haga que todo dependa de los fundadores

Lo primero, lo más importante, la piedra angular para conseguir un partido destinado al fracaso en el medio plazo es asegurarse de que absolutamente todas las decisiones que deban tomarse dependan siempre del mismo grupo reducido de gente que creó la plataforma. De esta manera no hay ningún tipo de balance de poder, nada que permita contrarrestar una directriz errónea. No hay cuestionamiento posible de una mala decisión.

Es normal que la cúpula esté ocupada en un principio por quienes iniciaron el proyecto. Lo que ya no resulta tan inevitable es que la estructura esté pensada de manera que cualquier decisión pase por manos de la central

No se me entienda mal. Toda organización requiere de una jerarquía. Esto es algo que Robert Michels nos enseñó hace ya un siglo, que una Ley de Hierro atraviesa cualquier intento de movilización política. La capacidad de operar de manera eficaz requiere delegación; la asimetría de información y de disponibilidad de tiempo e intereses lleva a la jerarquización. Por otro lado, es normal que la cúpula esté ocupada en un principio por quienes iniciaron el proyecto, que para eso lo hicieron. Lo que ya no resulta tan inevitable es que la estructura esté pensada de manera que cualquier decisión pase por manos de la central.

Es paradójico, pero una señal de éxito de un proyecto como un partido político estatal en un país con cierta división territorial y administrativa es precisamente la pérdida de control, o cierta pérdida de control, por parte de la cúpula central. Quizás el mejor síntoma de que en UPyD había gente haciendo las cosas bien desde un punto de vista estratégico es Asturias: un ala, una federación de la matriz que ha conseguido un éxito por encima de la media estatal del partido, y al mismo tiempo ha ganado cierta autonomía de decisión, lo cual se ha visto reforzado gracias a los buenos resultados obtenidos. Sin embargo, desde la dirección central parece que se ha dejado poco espacio para que una estructura auténticamente federal se consolide. Ni siquiera una cierta competencia interna rebajada, al estilo del PP, se atisba desde fuera. El capital político asumido por el centro es entonces tan grande como el riesgo que se corre ante una crisis como la actual.

2. Convénzase de que lo necesario es tener razón, no ganar elecciones

Parece que dijo Rosa Díez en el discurso ante el Consejo Político que “creamos un partido para Dinamarca pero en España”. En una respuesta a otro artículo publicado en este mismo medio en el que me preguntaba por qué UPyD estaba dejando pasar esta preciosa oportunidad que le brindaba el lento hundimiento del bipartidismo, el Diputado Carlos Martínez Gorriarán vino a defender que era más importante tener razón que ganar votos, apostando por “no cambiar” ante el “prejuicio” existente.

La necesidad de formar coaliciones en democracia siempre lleva a renunciar a ciertos aspectos del proyecto propio para poder conseguir otros

La idea de cierta superioridad ideológica o argumentativa es consustancial a un partido político. Lógicamente, quien lo forma pretende ganar para gobernar y poner en marcha su proyecto que considera mejor que los demás. Pero esta premisa no es para nada absoluta, y siempre se encuentra en tensión con la necesidad de ganar la máxima cantidad de votos posible. Es la clásica tensión entre llevar adelante una serie de políticas que se consideran adecuadas y poder aglutinar un número lo suficientemente nutrido de apoyos como para que el proyecto sea factible. La necesidad de formar coaliciones en democracia siempre lleva a renunciar a ciertos aspectos del proyecto propio para poder conseguir otros, aquellos en los que más grupos o individuos de un ámbito de intereses relativamente similar están o pueden estar de acuerdo.

UPyD parece haber renunciado a esta tensión, rompiendo la cuerda a favor de un convencimiento profundo en los propios principios que llevan a la dirección actual a pensar, de manera un tanto paranoica, que el resto del mundo está contra ellos. Más al contrario, pareciere que el resto del mundo sigue su curso sin preocuparse demasiado de los ‘magentas’ y ellos no están siendo capaces de seguir el ritmo.

3. Ciérrese en banda a la evidencia de competencia en su espacio electoral

Un rasgo definitorio de este nuevo curso es la emergencia de Ciudadanos, un partido que entra en conflicto estratégico directo con UPyD. Es cierto que sus electores están algo más a la derecha que los del partido dirigido por Díez, pero esta diferencia es escasa y el espacio de políticas viene a ser bastante similar. Incluso en el eje nacional se encuentran en puestos parejos, con historias, si no paralelas, sí cercanas. Pero Ciudadanos parece contar con un par de ventajas clave: por un lado, la propia imagen del partido (hasta ahora restringido al ámbito catalán) y de su líder se ‘vende’ mejor como un recién llegado a la política española, un outsider. Por otro, y quizás más importante a medio plazo, sus propuestas de claro corte liberal aunque con tintes sociales podrían estar calando con más fuerza entre los electores moderados. A diferencia de UPyD, que ha centrado una parte importante de su estrategia y su discurso en hacer de voz de la ciudadanía ante los desmanes de la crisis (piénsese en el caso Bankia),

Díez y los suyos decidieron ignorar la amenaza electoral cuando aún era pronto para hacer algo. A pesar de las voces que se alzaban dentro y fuera del partido no hubo acuerdo con Ciudadanos

Pero Díez y los suyos decidieron ignorar esta amenaza electoral cuando aún era pronto para hacer algo, antes de las elecciones europeas. A pesar de las voces que se alzaban dentro y fuera del partido no hubo acuerdo con Ciudadanos. Más aún: la negociación acabó con un intento por parte de los primeros de mostrar cuán diferentes eran de la formación de Rivera. El problema es que tales diferencias no son demasiado grandes. Y donde existen ha resultado que el votante prefiere la versión naranja. Ahora, Ciudadanos se sabe con la sartén por el mango en la negociación, y ya está imponiendo duras condiciones a quienes flirtean con la idea de pasarse de un lado a otro del centrismo regeneracionista. Porque, como es aparente para cualquier votante, UPyD se está resquebrajando.

4. Bloquee cualquier posibilidad de renovación interna

El economista Albert Hirschmann definió de manera extremadamente simple y elegante las opciones a las que se enfrenta cualquier individuo miembro de una organización. La más habitual es mantener la lealtad hacia la misma y su dirección estratégica. Por eso son organizaciones: porque tienen una estructura y unos objetivos comunes. Pero cuando un individuo o grupo dentro de la misma entiende que la dirección tomada no es la mejor o no se adecua a sus intereses, dispone de dos opciones para corregir la situación. Puede ejercer su voz dentro del partido, intentando aunar fuerzas con otros sectores críticos para conseguir el cambio. O puede, por contra, salir de la misma organización si no ve alternativa a la línea dominante. Lealtad, voz o salida.

Las primarias no son un sistema de cambio si el control de las mismas está bajo el mismo grupo que puede ser expulsado de la cúspide

El rumor de fondo ya llevaba un tiempo sonando, pero el mal resultado en las elecciones andaluzas fue el pistoletazo de salida para las críticas ejercidas de manera clara y pública por parte de varias ‘cabezas visibles’ del partido. La respuesta de la dirección ha sido bloquear su posición, así como la estrategia actual. Es ésta una consecuencia natural de construir una organización sin mecanismos formales de renovación interna. Y no: las primarias no son un sistema de cambio si el control de las mismas está bajo el mismo grupo que puede ser expulsado de la cúspide. De esta manera las normas son maleables y los resultados tenderán a favorecer a quien domina el proceso.

Y así es como la ambición y el sentimiento de estar cargado de razón (ambos, insisto, inevitables en política) mezclados con una ausencia completa de renovación de élites y propuestas (por desgracia, demasiado habitual en España) pueden partir en dos un proyecto justo cuando mejor se presentaba la situación para consolidarse. Si la dirección actual de UPyD hace suyo un barco que se hunde y no permite tapar las vías de agua, lógicamente la tripulación, sobre todo la más eficaz en la navegación, querrá escapar. Aunque ahora los botes salvavidas se venden mucho más caros, como apuntaba más arriba. Pero Ciudadanos haría bien en reconsiderar su propia ambición, sentimiento de razón y mecanismos de renovación de élites antes de que sea demasiado tarde. Porque ahora mismo nada, absolutamente nada, hace pensar que en un futuro ellos no puedan resbalar y seguir, paso por paso, el declive en cuatro pasos.


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