Democracia y mercado

Ciudadanos y la sana mediocridad

El martes se presentó el programa económico de Ciudadanos. Con Luis Garicano haciendo de cabeza pensante, la propuesta desprende un claro aroma social-liberal. El objetivo explícito es el de incrementar la igualdad de oportunidades. El implícito, o político, apelar al votante moderado que ha quedado huérfano con el lento pero constante hundimiento del bipartidismo patrio. El arma está bien dirigida, sin duda. La calibración también parece adecuada: francamente, la incorporación de alguien con el bagaje de Garicano al debate público español no puede ser sino motivo de franca felicidad, incluso –o sobre todo– para quienes no están de acuerdo con él. Ahora bien, las dianas se mueven, tal vez en direcciones opuestas, así que es posible que a pesar de todo yerren ambos disparos.

La diferencia de coste entre despedir a un trabajador indefinido y dejar que un contrato temporal se extinga hace que las empresas tengan todos los incentivos del mundo para hacer lo segundo

España tiene un clarísimo problema favoreciendo la igualdad de partida, y el espejo donde se refleja mejor nuestra deformidad es el del mercado laboral. La brutal segmentación del mercado laboral que divide a los trabajadores entre estables y precarios, condenando a los últimos a una larga travesía en el desierto del paro y los contratos temporales hasta alcanzar el preciadísimo momento en que pueda comunicar a los suyos que “me han hecho fijo”, tiene efectos nefastos para toda nueva generación que se incorpora al mundo del trabajo. Además, la diferencia de coste entre despedir a un trabajador indefinido y dejar que un contrato temporal se extinga hace que las empresas tengan todos los incentivos del mundo para hacer lo segundo a pesar de que el chaval al que dejan ir esté más preparado y sea más productivo que el señor que se queda. Es cierto que esta diferencia se ha reducido con la última reforma laboral, pero el abismo sigue presente. Es por ello que tanta gente y tan distinta está a favor de algo como un contrato único indefinido: Thomas Piketty, Rosa Díez y Luis de Guindos en un pasado no tan lejano.  

Luis Garicano fue uno de los primeros en proponer su adopción junto a otros muchos economistas. Ahora lo trae al programa de Ciudadanos sumándole tres interesantes complementos que han sido ampliamente debatidos en los medios. El primero es una especie de seguro contra el despido basado en las aportaciones empresariales de un 1% de cada salario que irían a parar a una ‘caja’ individual para cada trabajador, a percibir en caso de despido. Esto permite igualar las decisiones de despido para el empleador, relacionándolas más con la productividad de cada empleado que con su coste por antigüedad. Además, proporciona a los trabajadores un colchón de seguridad añadido para enfrentar el desempleo. El segundo añadido es lo que llaman un “complemento salarial anual garantizado”; en realidad, una forma de renta básica. O mejor dicho, de impuesto negativo sobre la renta, que percibirán los trabajadores que se encuentren por debajo de un umbral determinado. El objetivo es acabar con la tan traída y llevada “pobreza de quien ya trabaja”, pero también sirve para sacar a la luz economía sumergida (ahora saldría más a cuenta declarar que se está empleado). El tercer y último elemento es un programa de formación para desempleados de larga duración, basado en un sistema de cheques anuales, e incorporando una reforma en profundidad de las políticas activas de empleo en nuestro país.

Sin hacer descender de manera dramática el paro estructural el contrato único no tendrá trabajos decentes que ser repartidos, y el poder de negociación de quien tenga un puesto con antigüedad seguirá siendo mucho mayor que el de quien no lo tenga

Sin embargo, hay un cuarto ingrediente que periodistas y analistas han dejado más de lado, pero que me parece de suma importancia. Está justo al final del documento presentado, y viene a decir que debemos comprometernos con el resto de Europa a toda una serie de reformas estructurales a cambio de un Programa Europeo contra el Desempleo “destinado íntegramente a la formación a elección del trabajador”. El mensaje es sencillo: sin el resto del continente no vamos a ningún sitio. Y ya está. Pero la verdad es que probablemente no solo necesitamos eso, sino mucho más. Porque sin hacer descender de manera dramática el paro estructural (lo cual requiere algo más que políticas activas de empleo: hace falta estímulo monetario y fiscal) el contrato único no tendrá trabajos decentes que ser repartidos, y el poder de negociación de quien tenga un puesto con antigüedad seguirá siendo mucho mayor que el de quien no lo tenga y opte a uno. Ni el complemento salarial podrá ayudar a trabajador alguno si esos trabajadores no existen. Garicano y compañía pecan de tímidos, a mi parecer, al no exigir mucho más a cambio de prometer reformas más ambiciosas (y dolorosas, sí, para ciertos sectores bien protegidos y rígidos). Sencillamente necesitamos un plan mucho más ambicioso apoyado en una mayor integración europea.

Hay otra razón para culpar a Ciudadanos de falta de ambición en el frente de la igualdad de oportunidades. Resulta un tanto paradójico proponer una medida selectiva de lucha contra la pobreza como es un impuesto negativo sobre la renta cuando tenemos todo un Estado de Bienestar que no es capaz de redistribuir hacia las clases más bajas, como la OCDE no se cansa de repetirnos y los datos nos muestran año tras año. Al contrario: nuestra educación, nuestra sanidad, nuestro aparato de bienestar está hecho sobre todo para las clases medias. Si realmente se quiere actuar contra la igualdad de oportunidades de raíz el primer paso está en la extensión y universalización de servicios como la educación infantil, en la reforma del sistema educativo, y en la redirección de gasto desde las últimas hacia las primeras etapas de la vida de los individuos.

Por el momento, el sesgo de centro-derecha de su electorado no le deja aventurarse en profundidad en la socialdemocracia

En resumen: integración europea y reforma en profundidad del Estado de Bienestar. Pedirle a un partido como Ciudadanos que incluya estos dos elementos en su programa es, probablemente, demasiado. El equilibrio que Rivera está intentando alcanzar es extremadamente delicado, y consiste en atraer al mismo tiempo a los votantes que se han quedado decepcionados con el PP y con el PSOE, así como en aquellos que quedan atrás dada la escasa tracción electoral de UPyD. Por el momento, el sesgo de centro-derecha de su electorado no le deja aventurarse en profundidad en la socialdemocracia. Además, nos encontramos en un momento en el cual ‘más Europa’ no es precisamente lo más popular que un político puede gritar en un estrado. Pero sin estos dos pilares la igualdad de oportunidades jamás será completa en España. Sin embargo, incluirlos de manera clara y destacada en el programa implicaría, probablemente, renunciar a una parte importante de sus apoyos potenciales. En ese encaje de bolillos entre política y políticas se mueve la formación naranja. En realidad, el mismo que ha sometido a la mediocridad a todos los partidos en cualquier sistema representativo. Probablemente, una sana mediocridad, pues se basa en la negociación y el acuerdo de individuos con intereses y deseos distintos. Así de aburridamente afinada está la democracia.


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