Democracia y mercado

Ciudadanos: el camino para ser bisagra

Si nada se tuerce, Ciudadanos se encontrará en los próximos días apoyando a partidos distintos en regiones diferentes, al mismo tiempo. Mientras en Andalucía el partido de Rivera se meterá en harina con el PSOE de Díaz, en Madrid hará lo propio con el PP de Cifuentes. En Valencia, mientras, mantiene todas las opciones abiertas a la vez que Compromís y el PSPV se enzarzan en una discusión que tiene a sus votantes boquiabiertos. Ciudadanos se está consolidando como un partido-bisagra. Una alternativa interesante estratégicamente, pero no exenta de riesgos.

Si los votantes potenciales perciben que, al final, votar a C's es apoyar a una versión descafeinada del partido conservador original, su nicho de apoyos se ve bastante reducido

"¿Alguien piensa que PP y PSOE habrían asumido estos acuerdos si Ciudadanos no tuviera la llave de la gobernabilidad?" Así de claro afirma Rivera sus intenciones. Su objetivo es ser esa llave, para lo cual necesitan una serie de cosas. Primera y principal, evitar a toda costa la imagen de muleta del PP. Si los votantes potenciales perciben que, al final, votar a C's es simplemente apoyar a una versión descafeinada del partido conservador original que va a hacer un par de peticiones sobre corrupción, su nicho de apoyos se ve bastante reducido. Para evitarlo necesitan poner el listón bien alto para obligar a los partidos tradicionales a pasar por el aro, y dar la impresión de que lo que importa no son los colores, sino quién llegue a saltar tan alto como ellos quieren.

La reciente encuesta de Metroscopia revelaba una fuerte caída en la intención directa de voto (previa a "cocina") a Ciudadanos: pierden la mitad de sus apoyos. El mismo sondeo revelaba que solo un cuarto de los españoles piensa que C's debería dar apoyo al PP en Madrid (un 35% de los votantes del partido, y solo un 9% de los del PSOE). El miedo a ser visto como muleta está más que justificado.

Al mismo tiempo, es difícil (mucho) mantenerse como un partido en equilibrio entre dos tierras que son al mismo tiempo profundamente distintas (por los votantes núcleo de cada partido) y similares (por quienes decidieron abandonarlos). Ciudadanos resuelve esto último con la estrategia arriba descrita de situar la barrera en niveles aparentemente muy elevados para cualquier pacto, pero no se puede solucionar ambos problemas al mismo tiempo. Al seguir una estrategia mixta de pactos, resulta imposible atraer a ningún votante ideológicamente acérrimo a uno o a otro lado del espectro. Con ello, Ciudadanos renunciaría a ser el "nuevo PP", a copar la derecha como Podemos lo hace con la izquierda. Realmente, su objetivo es pasar del umbral del, digamos, 15% y ser, como dice el mismo Rivera, "la llave del gobierno".

Si Ciudadanos se queda encajado en ser el partido de las élites, su capacidad para alcanzar un peso suficiente como para ser determinante se complica

Sin embargo, hoy por hoy la base de votantes de Ciudadanos tiene una particularidad que le deja en mala posición para consolidarse como la alternativa moderada. Y es que resulta que consiguen apoyos de manera desproporcionada entre las clases altas. O al menos eso nos dicen tanto las encuestas como los resultados de las elecciones autonómicas y locales cuando los miramos por barrios. Si Ciudadanos se queda encajado en ser el partido de las élites, su capacidad para alcanzar un peso suficiente como para ser determinante se complica tanto por una cuestión meramente cuantitativa como por el coste que supondría para otros partidos pactar con ellos con respecto a sus votantes, en especial el PSOE.

Si Rivera y su gente han escogido finalmente el camino de la bisagra, necesitan ampliar una base de votantes que por el momento le aboca a quedarse como una especie de IU de centro-derecha. Un peligro más real que nunca tras los complejos resultados del 24M.


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