De pies a cabeza

Florentino debe ejercer de Valdano

Florentino se ha quitado la careta. O se la ha dejado olvidada en casa. Hubo un tiempo en el que el presidente del Madrid viajaba con escudo y usaba a otros para la confrontación. "Pregúntenle a Valdano". Quizá la palabra confrontación es excesiva, pues el hispano-argentino siempre encontró los mejores rodeos para evitar decir alguna inconveniencia, pero en cualquier caso él era la ventanilla que recibía las preguntas más peliagudas sobre lo que se cocía en los despachos de Concha Espina.

El caso es que aquella técnica cayó en desuso. Sabemos por la prensa que el presidente ha intentado que Zidane fuese ese receptor, pero el francés se evaporó antes de empezar. No tenía ni los recursos, ni las ganas, ni la necesidad, de ser el guardaespaldas de nadie. Él, que puede elegir, decidió que queda mejor como complemento del banquillo, el pacificador por excelencia al lado del pacificador nominal.

Así que Florentino ahora no tiene portavoces oficiales. Extraoficiales sí, él mismo reconoció en alguna entrevista radiofónica que su relación con los medios es habitual, casi diaria. Esos medios a los que una parte de la afición se la tiene jurada (hasta recaudan dinero, poco, para sacarlos de los actos institucionales, en una nueva astracanada twittera) son partícipes del compadreo con un presidente que, a nadie se le escapa, es bastante querido por la grada. Sus leyes electorales nos impiden cuantificar esto en votos, pero da la impresión de que en cualquier caso ganaría.

A día de hoy el Madrid no tiene dirección deportiva, por lo que las explicaciones tienen que llegar directamente del despacho presidencial. Nadie ha dicho en el Madrid que Özil se va porque se necesita el dinero. O quizá porque el entrenador no lo quiere. O porque no se confía en su profesionalidad. No hay un Valdano para explicar esta decisión, como tampoco lo hay para preguntar la cifra exacta de Bale o para que valore la salida de Adán o la continuidad de Coentrao.

No es Florentino el primero que dirige un equipo como el Papa el Vaticano, con poderes plenipotenciarios. Incluso el Madrid en otras épocas de gloria ha tenido este tipo de dirección. Así lo ha elegido él, pues no hubiese tenido problema alguno en encontrar portavoces de sueldos abultados y funciones ficticias en el plano deportivo. No lo ha hecho, por lo que tiene que asumir sus competencias y no dejar que el Madrid, el club más grande del mundo del deporte, caiga en el oscurantismo y nadie sepa el motivo por el que se toman las decisiones. El pueblo quiere saber.


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