De cara

La vergonzosa agresión de un periodista

Ninguna agresión merece la complicidad del silencio. Ninguna merece que el periodismo mire hacia otro lado. Tampoco cuando el agredido es un propio periodista. Ni siquiera cuando el que agrede pertenece también al gremio. Fernando Burgos tuvo ayer un comportamiento indigno, reprochable, intolerable, que no ensucia sólo su imagen sino la de toda la profesión (ya de por sí en entredicho). Resolvió con un violento puñetazo en el ojo su indignación por los comentarios públicos y en antena, si quiere desafortunados, que sobre su trabajo había hecho con reiteración y quizás mal gusto su colega y antiguo jefe Siro López. Y no, no hay coartada que maquille una acción así.

No fue una pelea privada. Se produjo en el hall de un club de pádel al que habían sido invitados para participar en un torneo benéfico con motivo de la cercanía de la final de Copa por su condición de periodistas populares, de personajes de proyección pública. Se cruzaron en el recibidor, intercambiaron insultos desagradables y el puño del redactor de Onda Cero impactó en el ojo del contertulio de Punto Pelota. Todo delante de niños y de conocidos comunes.

Resulta tentadora la excusa de que los periodistas no somos los protagonistas para bajar cínicamente la persiana ante un acto así. Pero ni siquiera sería verdad el pretexto. Los periodistas se han convertido últimamente en actores de las noticias. Y en concreto lo ha sido últimamente el agresor de ayer. No sólo por ser nombrado con reiteración por el agredido. Sino porque Mourinho trató recientemente de desacreditarle de mala manera en una conferencia de prensa, afearle la supuesta contradicción de sus críticas y su poca objetividad por su conocida relación con Casillas. El ‘periodista de Iker’ recibió entonces el respaldo únanime de la prensa (menos el de algunos, como Siro López, que se pusieron de parte del entrenador) por lo que se interpretó como un ataque injustificado del técnico ante quien simplemente estaba desempeñando su trabajo. Algo de eso, pero de una forma más salvaje, hizo ayer Burgos contra quien le ofendió en alto por su labor.

Si hubiera sido un aficionado el agresor de Siro, el periodismo se habría manifestado enérgicamente en su contra. Si hubiera sido un deportista el agresor de Siro, el periodismo se habría pronunciado con mucha mayor vehemencia aún en su contra. Hay antecedentes de sobra que lo demuestran sin que el agredido fuera Siro, sin que siquiera lo fuera uno de la profesión. Sin embargo, como el agresor esta vez fue un colega del gremio, el periodismo prefirió pasar de largo por un incidente del que en privado se avergonzó. La emisora del agresor, visceral en su defensa cuando fue él quien sufrió el ataque verbal de Mourinho, no hizo anoche una sola mención del caso. El programa en el que participa el agredido se limitó a relatar de pasada los hechos simplemente para justificar el ojo en mal estado de su tertuliano.

Yo conozco y aprecio a Siro. Y a menudo estoy en desacuerdo (y a veces hasta el propio Siro lo está consigo mismo) con el papel periodístico que los tiempos le están haciendo desempeñar. Yo conozco y aprecio a Burgos. Y muchas veces estoy de acuerdo con sus críticas y sus preguntas. Pero lo de ayer no tiene defensa, cruza la frontera de lo admisible. Y me resisto a mirar para otro lado. Así que dejo aquí la denuncia del suceso, la solidaridad con el agredido y el desprecio hacia el agresor por ese comportamiento.  

P.D. Fernando Burgos, dolido por lo que entiende una interpretación injusta y sesgada del suceso, se ha puesto en contacto conmigo para expresarme su decepción por el artículo (en contraste con la muestras de apoyo casi unánime que ha recibido de la profesión) y matizarlo. Asegura que incialmente se dirigió educadamente a Siro López para decirle que dejara de mencionarle en antena y que fue después, ante las provocaciones y comentarios desafiantes de éste y de recibir primero un golpe en el pecho, cuando le soltó dos manotazos (nunca un puñetazo). Entiende además que el incidente tiene lugar en un ámbito privado, no público. Y que el conflicto no tiene que ver con lo profesional sino con los continuos ataques personales que desde Punto Pelota está sufriendo por parte de Siro tanto él como otros periodistas.   


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