De cara

El ridículo de todos los tiempos

El Atlético le faltó al respeto a su competición, esa Liga Europa que ha maquillado de felicidad unas temporadas calamitosas, que ha devuelto a los rojiblancos a la senda de los títulos y las celebraciones. La ofendió Simeone de saque con la alineación, rebajada a la fuerza por la sanción de Diego Costa (se ha convertido en el más importante de los imprescindibles) pero también gratuitamente de forma voluntaria y caprichosa (fuera Courtois, Miranda, Gabi, Koke…). La insultaron luego los jugadores con su indolencia inicial y su incapacidad posterior. Y la remataron entre todos con ese esperpento de suicidio final, el gol más ridículo de todos los tiempos.

Hasta ese 0-2 sonrojante, el Calderón asistió a un ‘deja vu’. Lo que ocurrió ya lo había vivido con anterioridad y hasta reincidencia en Europa hace algunas temporadas. Arranque dormido, concesión de un gol, impotencia y falta de ideas para incluso con un hombre más darle la vuelta al marcador. Grave y decepcionante, pero en el fondo característico de ese escudo. No en los tiempos del Cholo, eso sí, que ésa fue la verdadera novedad de lo sucedido este jueves ante Rubin Kazan.

Y sin embargo, todo eso quedó reducido a la intrascendencia al lado del disparate final, ese córner en el último minuto al que subió Asenjo como si no hubiera partido de vuelta y que acabó con un gol en contra. Una imagen que dio la vuelta al mundo y que reposará para siempre en las videotecas como un triste hazmerreír. Se hablará de este gol toda la vida. Perseguirá sin remedio al cancerbero, que no supera su maldición como rojiblanco. Su error garrafal fue el del primer gol, pero el que ya llevará cosido a la espalda será el último. Esa carrera humillante de vuelta al arco hará furor entre los zappings.

Y la culpa fue menos suya que de quien le mandó subir. Y la culpa fue menos suya que de quien toleró la jugada, de Juanfran, que se limitó a mirar como el conjunto ruso montaba el contragolpe y se negó a meter la pierna, a cometer falta. El lateral, como sus idolatrados Lakers, lleva un curso desastroso. Una baja forma rebañada de errores que ya le ha sacado de la selección y debería apartarle también del once del Atlético.

Pero si la decisión del Cholo fue incomprensible, su explicación posterior en conferencia de prensa no le deja en mejor lugar. Porque ha hecho mucho en el fútbol y en los banquillos, sobre todo en el Atlético, porque es un héroe, si no esto le pasaría factura. Porque el lance es de los que invalidan para el oficio. Simeone lo vendió simplemente como un riesgo que había que correr y aprovechó para atizar a los periodistas, que hablan sin correr riesgos. Pero la justificación del Cholo no vale, se olvida de que había partido de vuelta. Ese matiz convierte esa subida final del portero en una temeridad y una estupidez.

Si fuera sólo un riesgo se podría asumir en el minuto 20 de un partido, o en el 45. Pero nadie ha subido en el córner en ese minuto, ni subirá. Y lo que hizo el Atlético fue eso, mandar al portero a rematar un córner en mitad de un encuentro (como la eliminatoria es a doble partido, aún le quedaba y le queda la segunda parte). No se columpió Simeone por el desenlace de la jugada, sino por la jugada en sí, hubiera acabado como hubiera acabado. Con un error así no se aprueba el examen final del curso de entrenadores. Y negarlo, o disfrazarlo de retórica, multiplica la falta.

No le dé más vueltas. El error, y el ridículo, fue mayúsculo. El más sonado de todos los tiempos. Ya siempre se hablará de él. Como el gol que se metió Buyo en Tenerife o el que anotó Vieri desde la línea ante el Paok. Fue culpa del Cholo y de Juanfran. Pero ya se llamará de por vida el gol de Asenjo. 


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