De cara

El portero del campeonato

Es verdad que cuando se cruza con Cristiano le entra un temblor (y le vuelve a ver en cinco días), que Messi también le deforma en vulnerable, pero objetivamente Courtois es un candado. No se publicitan sus paradas como las de Diego López, posiblemente porque la suplencia de Asenjo no es de las que se tengan que justificar. Tampoco está en boca de todos como Víctor Valdés, aunque también lleva escrita una fecha cercana de caducidad con su actual camiseta. Tiene más recorrido en las redes sociales (el célebre thibauting) que en los titulares de prensa. Pero es el portero del campeonato, el menos goleado con diferencia (23 goles tan sólo frente a los 30 que ha recibido el Real Madrid) y el que con más reiteración ha dejado su portería a cero (hasta en 18 ocasiones en lo que va de Liga).

El Atlético defiende bien y en grupo, juega básicamente a eso, menos a arañar que a no dejarse hacer un rasguño. Pero más allá de la solidez de los centrales y el compromiso para la tarea de todos sus jugadores, lo trascendental en el Atlético es la seguridad de su portero. Llama menos la atención que los goles de Falcao y el particular protagonismo de Diego Costa, pero posiblemente el equipo lo acuse mucho más. No le rematan mucho, pero siempre deja tres o cuatro intervenciones memorables por partido, a veces hasta de forma consecutiva. En Sevilla volvió a hacerlo. Y así está contando sistemáticamente su temporada.

No es casualidad que la única competición en la que Simeone le ha dejado en el banquillo, la Liga Europa, sea la que los rojiblancos hayan mandado precipitadamente a la basura. Courtois ha jugado en la Copa y en la Liga, los dos torneos en los que el Atlético ha escrito sus mejores crónicas. Colocación, reflejos, agilidad, facilidad para irse rápidamente al suelo pese a su estatura (1,99 metros), dominio del fútbol aéreo, potencia para despejar lejos de la pelota los remates, y mejor juego de pies del que le permite su entrenador (él prefería jugarse la salida más en corto, pero el técnico le exige a menudo los pelotazos en largo). Y un pequeño agujero, eso sí, sobre el que tampoco hurgan en exceso los rivales: las dificultades para cerrar a tiempo sus piernas en los mano a mano.

Sus derechos deportivos pertenecen al Chelsea, pero su progresión la está demostrando en el Atlético, donde lleva ya dos temporadas como cedido y donde confía en permanecer una tercera. Cech no parece haberse acabado y Courtois no quiere recalar en Londres hasta que no tenga asegurada la titularidad. Ante todo quiere jugar. Tiene sólo 20 años y ya es un personaje indiscutible. En su selección, Bélgica, y en su equipo. Son ya muchos partidos en los que ha concluido como el futbolista más destacado. El Atlético, que juega menos de lo que compite y gana, vive esencialmente de sus paradas. De los goles que marca Falcao en la otra punta, pero también de los que evita su guardameta. No se llama Diego López, Víctor Valdés ni Iker Casillas. No tiene un ejército de aduladores detrás. Pero el trofeo Zamora ya es suyo. O casi.


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