De cara

La peineta se propaga

Javier Aguirre, entrenador del Espanyol propenso a tirar de palabras malsonantes en las conferencias de prensa que son recibidas con entusiasmo por el periodismo, celebró hace un par de semanas un gol de su equipo ante la Real Sociedad con un ostentoso corte de mangas. “No iba dirigido a nadie. No le busquemos tres pies al gato, es un festejo puro y duro, no tiene receptor. Es la pasión del fútbol“, se justificó luego. E incluso en una entrevista posterior comentó divertido: ”Pensaba en mi prima la del barrio”. No hubo sanción ni reprimenda. No pasa nada.

Pepe Mel, el entrenador del Betis, festejó el pasado viernes el empate a última hora en el derbi sevillano con una ostentosa peineta. “Yo he hecho un gesto, pero quiero aclarar que llevo aquí desde 2010 y respeto al Sevilla. Para el que iba ya lo sabe. No tiene nada que ver con el Sevilla. La peineta no es para Caparrós. No suelo faltar el respeto a nadie, no suelo ser así”, explicó más tarde para los ofendidos. En ese caso, si el receptor ya sabe quién es, usted perdone, vino a decir más o menos el final del malentendido. No habrá castigo ni llamada de atención.

Tampoco le pasará nada a Nosa, que tras marcar personalmente ese tercer gol ante el Sevilla que sacó de sí a su entrenador, también se desahogó con una dedicatoria poco presentable. No fue una peineta sólo, fueron dos al tiempo, una con cada mano. Y además destinadas a su propia afición, que estuvo un tanto crítica hacia su juego en los minutos precedentes. Nada, no pasará nada. Ni intervendrá competición ni posiblemente tampoco su propio club. Que esto es fútbol, señores.

El sábado, en Valladolid, Alexis, central del Getafe que acababa de ser expulsado por propinar un codazo a Ebert, antes de abandonar el césped se lució con un indisimulado escupitajo a un espectador rival que le increpaba de mala manera. Esta vez su gesto sí lo recogió el acta arbitral, así que lo normal es que, además de por su tarjeta roja, sí reciba castigo por su incorrección posterior. Pero vamos, que no pasa nada. Que esto es fútbol, ya saben.

No es que las aficiones sean ejemplares en su comportamiento y sus cánticos (Cristiano comprobó ayer de nuevo cómo se las gasta San Mamés), pero hasta la fecha se había admitido que los profesionales no debían caer en el mismo juego. Que debían hacer oídos sordos y guardar las formas, abstenerse de realizar cualquier tipo de reacción ofensiva o irrespetuosa. Lo exigía la buena educación y hasta el propio reglamento. Pero ya no es necesaria guardar la primera ni cumplir el segundo. Una peligrosa barra libre se ha instalado en los campos. Con tal de que no te quites la camiseta, todo está permitido. Hasta el insulto personal de palabra o gesto. Y hay hasta quien después sonríe. Pero la verdad, no tiene gracia.


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