De cara

Los niños de Sergio Ramos

Pasó el derbi y todo sigue en su sitio. El Atlético, con su problema en la cabeza, esa extraña capacidad para empequeñecerse cuando se ve frente a su vecino. Para perder el fútbol, el carácter y la voluntad. Y el Madrid, con su fiesta de cumpleaños de cada temporada, el día que encuentra para liberarse y sentirse el equipo más poderoso de la tierra. Especialmente Cristiano, que deja a un lado durante 90 minutos sus fantasmas y se convierte al fin en el jugador que algunos a diario se imaginan que es. Hasta en las faltas. El fútbol no dejó esta vez tampoco espacio para la discusión. El Madrid se merendó al Atlético. Punto.

Pero el derbi sí dejó secuencias feas, de ésas que retratan para siempre a determinados futbolistas. A Diego Costa, por ejemplo, que vivió el partido con aire macarra, buscando rencillas constantes con los adversarios. Sin disimular, de forma tan exagerada y aparatosa que se le vio al instante. Su actuación fue sucia, no hizo falta esperar a la revisión detallada de las imágenes para asegurarlo. Pero el encuentro sobre todo señaló a Sergio Ramos, quien, con mejor fama, menos habitual en estas batallas, tuvo un comportamiento despreciable. Más escondido, costó descubrirlo, pero fue mucho peor.

Hubo que esperar a que las cámaras de Cuatro desmenuzaran lo que no se vio en directo durante la transmisión. Un escupitajo a la cara del mencionado Diego Costa en un córner. Una acción vil, de las peores que se pueden ver sobre el césped, agravada porque el central trató de disfrazarla de agresión en contra, como si hubiera recibido un codazo del brasileño cuando con la mano le respondió con otro salivazo. Y con todo, eso no fue lo más grave. Le dejan mucho peor sus cínicas declaraciones tras el partido, cuando estaba convencido de que su ataque no había sido captado por la televisión. Con absoluta frialdad, se puso personalmente como ejemplo de urbanidad y cargó contra Diego Costa: “Las cámaras están ahí, más claro el agua. Yo me he duchado bien. Hay cosas que manchan este deporte. Hay muchos niños que ven ese tipo de cosas. Está fuera de lugar”.

Al lado de lo de Sergio Ramos, hasta el sainete de Mourinho sobre el terreno de juego media hora antes del partido (muy reconocible en el currículum del portugués, pero impropio de un club como el Madrid) queda relegado a la categoría de anécdota menor. Aunque tendrá más consecuencias.  


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