De cara

A los jugadores les va la bronca

Después de cada palo público de Mourinho, más allá del incendio ambiental desatado, los jugadores del Madrid han mejorado su rendimiento. Y sin esperar mucho, al partido siguiente. Le ocurrió colectivamente al equipo tras ser reprendido antes de la Supercopa, le pasó a Sergio Ramos tras encontrarse directamente señalado y le sucedió ahora a Benzema, que ha desplegado su mejor partido del curso justo el día después de que su entrenador le contara en conferencia de prensa que le resbalan sus quejas por tantos minutos de suplencia.

Todo el mal que parecen ocasionar estas batallas dialécticas, la improcedencia de los feos en voz alta del jefe a los subordinados, queda paradójicamente justificado por la reacción instantánea de los supuestamente ofendidos. Por los resultados inmediatos. Los propios futbolistas le han dicho a la cara al técnico luso que no lo repita más, pero es curiosamente su respuesta, su conducta al encuentro siguiente, la que en el fondo legitima esas prácticas.

Algo de eso debe estar pensando Míchel ahora tras contemplar el mejor Sevilla de su etapa, según su propio discurso el mejor primer tiempo de un equipo que ha visto en mucho años. Se lo encontró en el derbi sevillano justo después de haber lanzado una semana antes a la plantilla la mayor regañina que se le recuerda. En esa conferencia de prensa de San Mamés acusó a sus jugadores no sólo de desatención sino de faltar al respeto a la camiseta. Siete días después el entrenador se vio obligado a regalarle elogios a los despreciados por una exhibición de juego, goles y actitud ante el Betis. Y así cada vez caben menos dudas: a los futbolistas les va la bronca. 


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