De cara

El firme compromiso resultó más bien blando

No ha pasado una semana de la derrota de Madrid en la batalla por los Juegos Olímpicos de 2020 y al deporte español le ha vuelto a estropear el desayuno unos cuantos sonrojantes casos de dopaje. Si hacía falta una explicación de la desconfianza que inspira España, una nueva prueba. La contó el jueves Marca en su página 60: los atletas Sergio Sánchez y Alberto Lozano dieron positivo en los Campeonatos nacionales disputados el pasado mes de julio en Alcobendas.

Así que ese firme compromiso contra el dopaje de los deportistas españoles que garantizó Alejandro Blanco cuando el sábado fue apretado por los miembros del COI no es tal. El argumento, desmontado a las primeras de cambio. Como genérico, el deportista español sigue sin ser de fiar. El escepticismo exterior está más que justificado. 

No hay manera de fiarse de España tampoco por sus políticos, que acostumbran a reaccionar ante los casos de dopaje en función del lugar de nacimiento del afectado. Si el que no pasa un control es Contador, los regidores de Pinto le homenajean y le nombran hijo predilecto. Lo mismo sucede en Palencia si la que está bajo sospecha es Marta Domínguez. Y lo mismo ha vuelto a ocurrir ahora al calor de una confusión. Al atleta Ángel Mullera se le detectó una sustancia prohibida en los Campeonatos de España, aunque con justificación terapéutica, y al instante un vecino suyo de Lloret de Mar, con cargo importante en la Generalitat de Catalunya, salió no sólo a poner la mano en el fuego por su paisano sino a denunciar una persecución contra el pueblo catalán.

Y por si fuera poco, la titular de la Agencia Española de Protección de la Salud y lucha contra el Dopaje (AEPSAD) aireó que en las autoridades hay más gresca que unidad. Manifestó su malestar con el presidente del COE por no saber responder en Buenos Aires a la actuación española sobre las bolsas de sangre de la Operación Puerto y contribuir a sembrar dudas. Ana Muñoz se hizo la ofendida, porque ”las bolsas no se han destruido ni se destruirán mientras exista voluntad de recurrir para que pasen a la autoridad administrativa". Pero lo cierto es que la situación de esas bolsas, que la jueza en su momento se resistió a entregar, no tienen mucha explicación ni defensa. Como tampoco sonó demasiado bien, aunque quizás sí muy correcto técnicamente, ese huidizo “se han producido resultados analíticos adversos, pero no seré yo quien señale a quienes se han visto involucrados” con el que despachó los casos de dopaje destapados ahora.

Tampoco es que los tramposos reciban mucho reproche popular. No está en la cultura española afear enérgicamente estas conductas. No al menos de forma unánime o mayoritaria. Y por eso nos ven como nos ven. Una mirada que la calle acostumbra a reducir al nos tienen manía. Y luego está la casualidad. Que justo trasciendan los nuevos casos de dopaje cuando ya pasó la elección olímpica, no fuera a ser que su conocimiento anterior pudiera perjudicar en las votaciones. Hasta las coincidencias a este lado de los Pirineos invitan siempre a pensar mal.


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