De cara

La diferencia entre este Mourinho y el otro

El Real Madrid afronta este miércoles una de las seis finales que le quedan (como máximo) para medir su temporada. La Liga la ha tirado de palabra y de obra, así que sólo vive por y para la Champions que ahora reaparece y esa final de Copa del Rey contra el Atlético que tiene aún pendiente. Enfrente, el Galatasaray, un adversario venido a más, todavía inferior a los blancos en la teoría, que cuenta con nombres propios de significado especial para la gente del Bernabéu y sobre todo para Mourinho. Están Sneijder (un ex que tuvo que hacer las maletas pese a que Pellegrini calificó de indispensable su continuidad) y Drogba, precisamente dos futbolistas a través de los cuales se puede explicar lo que fue el entrenador luso y lo que es; lo que pretendía conseguir del Madrid y lo que evidentemente no ha logrado. 

Recuerda Drogba ante el inminente reencuentro con Mourinho, su jefe (“mi padre”, dice) durante muchos años en el Chelsea, que la principal virtud del técnico era el trato con el futbolista. Sneijder coincidió con el luso un año en el Inter y también habla maravillas de su relación. “Quiero más a Mou que al Madrid”, dice en Marca.  Todos los compañeros de ambos en sus respectivos equipos se refieren al portugués en similares términos. También los que fueron dirigidos por él en el Oporto. Y todos suenan sinceros. Es su seña de identidad, el rasgo más reconocible del preparador en todos los banquillos en los que ha estado.

Mourinho ha conseguido el éxito allí donde ha ido a través de la misma fórmula. Armar un vestuario fuerte, unido, convencido y militante, radical  en el aprecio a lo propio y el desprecio hacia el enemigo exterior o incluso cercano (imaginario). En realidad, consiguió trabajar más con partidarios incondicionales que con simples jugadores. También lo ha intentado en el Madrid. Pero sin éxito. Casi al contrario, el Madrid es hoy un grupo dividido de futbolistas recelosos de su entrenador. Algunos lo dicen en alto, como Ramos hace dos días, o en bajo, como Casillas, que acaba de deslizar su decepción con el técnico porque ni siquiera se le haya dirigido para interesarse por la evolución de su lesión.

Más allá de quién tenga la culpa y la razón (extremo que tiene sorprendentemente enfrentado al madridismo) es en ese dominio del vestuario, y en el cariño que le profesa, donde reside la gran diferencia del pasado y el presente de Mourinho. Las palabras de sus inminentes y queridos rivales, las sinceras carantoñas de Sneijder y Drogba, ponen al Madrid frente a la cruda realidad. A la distancia exacta, y enorme, que le separa de las otras plazas donde ejerció su actual entrenador.  


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