De cara

Otro curso sin Diego

El mercado aún no se ha cerrado, pero la Liga ya está ahí. Y Diego, el centrocampista brasileño por el que suspiran los hinchas del Atlético, sobre todo su entrenador, que lo mencionó expresamente como su mayor deseo, que lo suplicó bien alto, la única petición que se animó a convertir en pública, sigue sin aparecer. Y no lo esperen, porque no vendrá. El club ya ni se esfuerza en aparentar que lo intenta, como el verano pasado. Más bien desliza razones por las que no convendría insistir en la contratación del mejor centrocampista que ha pasado por el Calderón en décadas. Especialmente porque ha sido el propio jugador el que se ha encargado de responsabilizar a los dirigentes madrileños de que no esté con la rojiblanca puesta. Que si por el fuera, ahora mismo.

Atendiendo a la información publicada por Alberto Barbero en Marca, que bebe en fuentes bien oficiales y las menciona, el Atlético, contra el criterio de Simeone y contra la propia memoria, discute las prestaciones deportivas del brasileño. Y cuela con pretensiones demagógicas que su presencia quitaría tiempo de juego a Koke y Óliver Torres, como si los buenos no pudieran jugar todos juntos, como si la oferta de minutos no diera para ver lo suficiente sobre el campo, incluso demasiado, a gente como Raúl García o Cebolla, como si el Cholo necesitara excusas para desconfiar de la joya de la cantera (Óliver no actuó nada la temporada pasado pese a pedirlo a gritos, y no estaba a su lado el brasileño). Ese argumento esgrimido invalidaría cualquier fichaje, también por supuesto los que sí admiten estar tratando de conseguir para esa zona del campo.

Pero el Atlético (que recuerda que sin Diego el equipo ha seguido ganando), sobre todo aduce motivos económicos. Que diez millones brutos de ficha son una barbaridad. Y efectivamente lo son, también en las operaciones gestionadas por otros representantes más afines. En todo caso, el dinero sería un argumento suficiente para explicar el fracaso de la operación. Cada club llega hasta donde llega. Pero lo más llamativo es el añadido de la coartada, ese “la operación sólo se amortizaría alcanzando como mínimo los cuartos de la Champions” y el “¿cómo le pagamos si al año siguiente no nos clasificamos?”.

Hasta ahora, el Atlético utilizaba su no presencia en Liga de Campeones como una justificación para vender a sus mejores futbolistas (aunque cuando la premisa se cumple, como este año, vende igualmente a Falcao). Ahora da un paso más: cuando no hay Champions, porque no hay Champions; cuando sí hay Champions, porque en el futuro puede dejar de haberla… Y si no, ya se les ocurrirá algo.

Es muy difícil rebatir un argumento de austeridad, y más en estos días. Menos complicado es discutir esa política a partir de los agravios, las contradicciones y las incoherencias. Diego no volverá al Atlético por más que quiera él, que lo solicite Simeone y que lo desee la hinchada. Diego no volverá al Manzanares por mucho que sea el mejor centrocampista que ha vestido la rojiblanca en este siglo. Diego no jugará tampoco este año de rojiblanco. Pero no son cuestiones deportivas ni económicas las que impiden su regreso.


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