De cara

El colmo de Mourinho

La última de Mourinho. Después de bajar la persiana a los entrenamientos del Real Madrid, después de acabar con la difusión natural de los partes médicos, después de suprimir como remate final las conferencias de prensa, va y dice a modo de queja: “desde luego, el periodismo podría buscar la verdad”. En el colmo del cinismo, fue su reacción, además enérgica, a las informaciones con las que los diarios deportivos contaban en sus portadas del sábado la no convocatoria de Casillas para la última jornada de Liga, interpretada como el feo final del técnico al cancerbero internacional. ‘Podían haber visto los entrenamientos, leído el parte médico o haberme preguntado antes de publicar nada’, parecía querer decir la frase del portugués a Punto Pelota, como si él personalmente no hubiera sido el encargado de impedir a los periodistas (y por tanto a los aficionados) esos accesos.

El caso es que al final la medida se le volvió en su contra. Ocultar la información es una manera de no controlarla. De que a la prensa le llegue a través de terceros, quién sabe si de forma interesada o distorsionada. En este caso, todas las fuentes se pusieron de acuerdo en señalar a Mourinho como autor de un último agravio hacia el meta internacional. Y para combatirlas, el técnico tuvo que convocar de urgencia a periodistas afines (o aprovechar una cita concertada de antemano) para dar su versión de los hechos (luego desmentida de nuevo por el guardameta) sin oportunidad de réplica. Lo hizo con ataques a diestro y siniestro y esa apostilla final tan delirante y desvergonzada: “podrían haber buscado la verdad”.

Más allá de quién tuviera la razón, si Mourinho o Casillas, de quién le hubiera facilitado la información correcta al periodismo, el incidente ilustra sobre las nocivas consecuencias que tiene la gran aportación del preparador luso al fútbol español: el ninguneo a los medios. Cuando con el consentimiento del club y el aplauso surrealista de muchos aficionados, Mou delegó su voz en la boca de Karanka, la prensa puso inicialmente mala cara, pero acabó por acatar sin rechistar el desplante. Cuando instaló el no se habla y punto en algunas jornadas, incluida la última como entrenador del Real Madrid, el personal ya ni se escandalizó, lo asumió como un asunto cotidiano sin importancia. Pero los perjuicios son indiscutibles. Y contra lo que se cree no para el periodismo. Cuando los entrenamientos se pueden ver, los partes médicos leer o las dudas preguntar, la verdad siempre llega más fácil al ciudadano.


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