De cara

Otro codazo al rostro impune

Entre la proximidad de las navidades y el impacto emocional que supuso la súbita recaída de Tito Vilanova, recordar de golpe lo verdaderamente importante, el fútbol se puso por unas horas blando y agradable, deportivo y humano, apetecible y fraternal, sano. Con gestos conmovedores de apoyo y ánimo por parte de todos, compañeros y rivales, hacia el inesperado paciente. El panorama estaba así de dulce, solidario y tierno cuando la competición volvió a ponerse por delante para estropearlo todo. Porque entonces, con la pelota nuevamente en juego a modo de coartada, uno de los violentos habituales se cargó el romance.

Fue Ballesteros (no es David Navarro, parecía haberse corregido con la edad, pero cuenta también con una peligrosa hoja de servicios), que sacó el codo de mala manera para dejar fuera de combate al rayista Lass. Con la incógnita otra vez de la mala intencionalidad, pero la certeza de que se trató de un lance feo, sucio y evitable. El árbitro pitó la falta al revés, pero es lo de menos. No vio la agresión a primera vista y confundió el diagnóstico, puede pasar. Lo más grave es que el agresor no será sancionado ni reprendido por un colectivo de jugadores que se tapa los ojos ante los que embarran su propio oficio con malas acciones.  Que seguirá convencido de lo que dijo hace un mes: “Jamás he agredido a nadie”. Y no será la última vez. Lo han convertido en rutina.

Estos tipos gozan de barra libre para pegar. Y eso que son siempre los mismos. Pepe, Diego Costa (a éste al menos la UEFA le ha impuesto una sanción de cuatro partidos por su último cabezazo a un adversario y su club, el Atlético, ha tenido la decencia de no recurrir), Soldado, David Navarro, Medel, Ballesteros… La reincidencia no les condena. Más bien les protege. Consiguen tener atemorizados a los rivales y esquivar los posibles prejuicios de los colegiados. Golpean, se encogen de hombros y conservan la libertad. Y no se reprimen ni en Navidad.

Los aficionados se escandalizan al ver la secuencia repetida por televisión, pero los órganos sancionadores ni se inmutan. Los violentos están arropados. Al menos, esta vez los agredidos han protestado en alto. Aún les queda denunciar.


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