De cara

El clásico, pero raro

El mismo clásico de siempre, pero distinto y raro. Contaminado como nunca de política (y todavía hay quien lo comprende y hasta defiende) y extraño en la clasificación, con ocho puntos de diferencia entre uno y otro y, lo impensable en estos tiempos, cuatro equipos colocados entre medias en la tabla. Un partido del siglo más con carácter de urgencia sólo para el Real Madrid.

El Madrid se declara centrado, pero cuesta creerle. Por más que los dos últimos resultados hayan mejorado la imagen del equipo y reanimado a Cristiano, no están los blancos para poner la mano en el fuego por ellos. No han encontrado aún un once claro, al que aspira con fuerza Kaká pese a que inició el curso sepultado y con mucha más Khedira, desconocido estos días en creatividad e influencia en el ataque, casi casi el mejor centrocampista del equipo. Y los líos se le acumulan.

El combate Sergio Ramos-Mourinho está reciente, Özil es el último señalado por el técnico (y un poco Modric), y la depresión anímica ahora se detiene en Iker Casillas, irregular bajo los palos, mudo misteriosamente desde hace semanas (aún no ha explicado por qué no celebró el épico último gol ante el City) y activo en Facebook para ironizar sobre los que le tildan de chivato de vestuario. El más formal y tranquilo es Pepe, dato que habla por sí solo del estado del Madrid.

No enseñan mejor aspecto los azulgranas, por mucho que diga la clasificación. Son mejores los números que su juego. La defensa hace aguas, los laterales no cierran, los centrales tienen un idilio con la enfermería y Busquets, el coreado sostén del equipo, lleva un comienzo de curso horrible. Sin aportar en el vuelo de ataque, eso no es novedad, pero además sin sujetar tácticamente al equipo. Casi, casi, un coladero. Song no lo mejora: acaba de llegar y el Camp Nou ya echa pestes. El Barça ha perdido mando sobre los partidos y se ha vuelto épico, la característica que acompañaba tradicionalmente al vecino.

Y luego está Messi, al que ciertas imágenes, en especial su broncazo a Villa, han dejado en muy mal lugar. Bueno y Cesc, de una paranoia aparte, un cóctel de protagonismo: se siente víctima de una conspiración mediática, simula un daño que Medel no le hizo para forzar su expulsión y se entiende con Messi y el gol a las mil maravillas. Una montaña rusa.

En definitiva, el Barça-Madrid. En tres días no se hablará de otra cosa. El mismo de clásico siempre, pero diferente. Y muy raro.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba