De cara

El catenaccio ilustrado

España sigue sin soltarse en la Eurocopa. Pero también sin descubrirse. Y así, paradójicamente a la defensiva, a una defensiva muy especial, ya está otra vez a las puertas del título y de la historia, lograr el sucesivo Eurocopa-Mundial-Eurocopa que nadie ha sido aún capaz de conquistar. El triunfo de la calculadora en la mano y el fútbol anestesia. Sin bajarse Del Bosque de ninguna de sus decisiones discutidas, aceptando las opiniones contrarias (“vaya manía con que estoy cabreado”, reitera ante quienes le advierten hasta el gorro de las críticas) pero manteniendo las suyas, La Roja se ha plantado de nuevo en la final. Con mucho menos ataque del que su superioridad es capaz de abarcar, con menos juego del que pone en la cara de los que le admiran, sin el baile de salón que cuelga de su leyenda, otra final. Pero al tiempo con menos sudores que nunca, sin apenas rasguños por atrás, priorizando las precauciones a los atrevimientos. Sea cual sea el resultado del domingo, haber llegado hasta la gran cita de Kiev ya es un hito. Ninguna otra selección había sido capaz de llegar hasta ahí en el margen de cuatro años. 

España no ha renunciado al estilo que encontró, pero lo ha utilizado como simple disfraz. La posesión del balón como mejor arma defensiva, no tanto como argumento para desanudar y atacar los planes del rival. Otra forma de catenaccio, como dice Ignacio Tylko. Una política defensiva basada en no defenderse. Un acertijo. En ninguno de los movimientos de ficha que Del Bosque ha ido empleando hasta ahora para superar los antídotos del enemigo se ha destapado los pies. Por más que ha movido la manta corta de Tim lo que le quedaba al aire siempre era la cabeza. Si ponía durante un rato un nueve faltaba alguien que rompiera desde la segunda línea, si sacaba velocidad y profundidad por los costados faltaba un nueve para rematar. Lo que nunca ha sacrificado es el llamado equilibrio, que no es otra cosa que el desequilibrio a favor de los asuntos de atrás. Le ha hecho menos daño al adversario, pero igualmente se ha dejado dañar menos que nunca. 

La vuelta de calcetín que España le ha dado a su  estilo le ha hecho perder paladar, pero no control ni seguridad. Una manera menos estética de buscarse la vida, pero con el marcador en la mano igual de efectiva. No hace ocasiones, pero tampoco se las hacen. Valen ambas formas para llevarte a la victoria convencional y también te condenan a cruzar por el filo de los penaltis. España necesitó de la suerte y la fe para tumbar a Portugal después de no ponerla en aprietos durante el tiempo reglamentario (aunque sí en el prórroga) de la misma manera que Italia, que ha aplicado la revolución contraria (huir del viejo cerrojazo, apreciar el balón y buscar el ataque), precisó de una tanda para eliminar en cuartos a una Inglaterra a la que había bañado.  

Del Bosque y su España han escogido un camino que gusta menos pero que les asegura más. Y han reformado los tópicos. Ni el mejor ataque es una buena defensa, ni la mejor defensa es un buen ataque. Ahora la mejor defensa es tenerla pero sin atacar. El catenaccio ilustrado. La epidural. Su elección para ganar otro campeonato. Sólo queda volver al principio. Jugar otra vez contra Italia, el único equipo que le ha marcado un gol, el único rival al que no ha logrado derrotar. Cuatro estrellas sobre el escudo. Italia, el abanderado en esta Eurocopa del fútbol de ataque. Definitivamente, el mundo al revés. 


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