De cara

El aprecio por Falcao es desprecio por Benzema e Higuaín

El Atlético está feliz y colíder, a ocho puntos del Madrid. Y tiene en sus filas al delantero del momento, Falcao, acreedor por influencia, rendimiento y goles trascendentales en 2012 al Balón de Oro (aunque ni se lo concederán ni lo contemplarán). Quizás por esa concatenación de elementos inhabituales y de alguna forma incómodos, a los medios de comunicación y demás cómplices del entorno blanco les ha entrado una irresistible obsesión por acabar con tan idílica escena.

Un día tras otro, con la colaboración necesaria de la desafortunada oratoria pública de Gil Marín y los malintencionados murmullos al oído que lanzan los gobernantes del Madrid, surgen torpedos contra la estabilidad rojiblanca en forma de pronóstico sobre los días que le quedan al colombiano con su actual camiseta puesta. Y al tiempo tratan de colocarlo casi con desesperación en el Bernabéu. Si encima no hay Liga, y la selección vacía de contenidos la información deportiva, la cantinela se vuelve insoportable. Falcao al Madrid, Falcao al Madrid, Falcao al Madrid…

Cerezo empieza a estar hasta la coronilla del acoso y los jugadores, también. Mario Suárez ya lo ha dicho en alto: “Parece que molesta lo que le pasa al Atlético”. Es verdad que es Gil Marín quien enreda periódicamente contra sí mismo al recordar con insistencia que el traspaso del colombiano aliviaría las delicadas arcas del club (endeudada hasta los huesos por su propia gestión, aunque eso no lo dice), pero al tiempo se reafirma con rotundidad en que nunca permitiría que su destino fuera el Madrid. Florentino también reitera que respetará su pacto de caballeros y que no tocará al jugador si el Atlético no está dispuesto a negociar. Y hasta Mourinho lo asegura abiertamente: Falcao está prohibido. Pero los medios y el entorno, quién sabe si los agentes, se empeñan en mantener vivo el caso. El futbolista sigue cumpliendo con goles, pero tampoco zanja el asunto con un pronunciamiento inequívoco.

No hay un solo atlético que no tenga asumida la marcha del colombiano. De hecho, ya la daba por descontada en junio pasado. Así que lo que está disfrutando del colombiano en este curso lo digiere como un regalo extra. Su única condición para no convertir la veneración por el tigre en desprecio es el destino, que no cruce a la acera de los blancos. Pero todavía no quiere pensar en ello. Quiere vivir su estado de euforia partido a partido, como impone su gurú, el Cholo Simeone. Pero los elementos se han empeñado en poner su peor pesadilla un día tras otro encima de la mesa. Su nuevo desafío es conseguir abstraerse de ese nocivo runrún.

Lo curioso es que la continua declaración de amor hacia Falcao que desliza la propaganda blanca es en el fondo un inequívoco grito de desconfianza a sus actuales nueves, Benzema e Higuaín. Da la sensación de que se les busca sustituto. Una forma de pegarse un tiro en el pie. Porque aunque el objetivo era precisamente el contrario, la campaña constituye una forma un tanto suicida de desestabilizarse a sí mismo.


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