De cara

110 años de querer ganar al Madrid

El Atlético cumple hoy 110 años. De los cuales, los últimos 14 los ha recorrido sin una sola victoria sobre el Real Madrid. Todo un contrasentido. Porque ya en ese origen que el club celebra ahora emocionado la razón de ser fue competir con el Real Madrid y ganarle. La institución surgió como consecuencia de un sentimiento antimadridista desatado durante la disputa en la capital de un partido Madrid-Athletic de Bilbao. Hubo espectadores madrileños que se posicionaron del lado del conjunto forastero porque no les gustó lo que vieron al otro lado y se asociaron con estudiantes vascos residentes en su ciudad para componer, inicialmente como sucursal, una réplica al equipo blanco. Las ganas por derrotar al adversario están ahí desde el primer día. Descubrió la rivalidad y por eso nació.

Pero lo que surgió y creció como estímulo hoy se ha deformado en complejo. El Atlético ha desatendido desde hace años, demasiados, esa obligación de la casa que algunos intentan negar y otros relativizar. Se pongan como se pongan, el Atlético fue antes antimadridista que rojiblanco (empezó con azul). Y los herederos de aquel sentimiento necesitan volver a cumplir de una vez con esa necesidad vital que en los últimos 14 años sólo han conseguido desahogar a través de terceros. Este sábado llega otra oportunidad de ajustar cuentas con su particular historia. No hay nada jugoso al fondo, como sí habrá en la final de Copa del 17 de mayo, pero los colchoneros están igualmente excitados y obsesionados de victoria. Por el simple hecho de ganar al Real Madrid. Por el motivo original. 

El Madrid, en cambio, primero nació y luego se encontró la rivalidad. Una confrontación que durante mucho tiempo soportó como complejo y  que ahora afronta con absoluta suficiencia, casi sin prestarla atención. El Madrid no repara en el Atlético. No lo hace desde hace tiempo y mucho menos esta vez. Está a otra historia, precisa ajustar cuentas con su propio obsesión, que es Europa. Los blancos van camino de conquistar su undécima temporada consecutiva sin un título continental, sin una final (es ahí donde encuentra el vecino su felicidad, que lleva en cambio cuatro, todas con éxito, en los últimos tres años). El Madrid volvió a ganar la décima Copa de Europa antes de jugarla y ahora, después del 4-1 ante el Dortmund del miércoles, está otra vez al borde de la eliminación. Es eso lo que le ocupa y le consume.

La poderosa propaganda blanca ha desempolvado viejas terapias y restriega la semana de octavillas con el espíritu de Juanito y leyendas de remontadas. Fantasmas que lejos de desenfocar el derbi, se incorporan a él. Forman parte de su propia esencia. El Borussia no lo sabe, pero también jugará en el Calderón. Su nombre se ubicará en la grada y compondrá la banda sonora del partido. Porque los atléticos lo que quieren, y desde hace 110 años ya, es ganar al Madrid. Aunque sea el martes. En eso exactamente consiste la rivalidad.


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