De cara

Valdés no se fía de los del Barça

Este Barça está de repente a prueba. Por primer vez, a prueba. Y el examen no tiene que ver con los números, con esos primeros tropiezos consecutivos de la temporada sufridos a última hora (aunque sí han servido para conocer a Tito Vilanova en las malas: de la primera derrota liguera de su etapa ha colgado un lamentable lamento arbitral que le retrata). Tampoco con la noticia del fichaje de Guardiola por el Bayern, pese a la sacudida. Lo que de verdad mide a este Barça es el anuncio de Valdés de no continuar, un revés de complicada gestión, un episodio al que el club azulgrana no está acostumbrado y que además le ha pillado desprevenido.

La noticia en sí es potencialmente desestabilizadora. Contamina el debate, lo desenfoca, somete a un tercer grado cada actuación del guardameta de aquí en adelante (ya ocurrió en Anoeta) y la que desde la casa, ya sea el entrenador o el club, tengan hacia él. Valdés pasa de ser un elemento absolutamente fiable a convertirse en un jugador bajo sospecha. Y las alineaciones, de Tito también. Los nervios de todos, guardameta y alrededores, deberán incorporar nuevas sensaciones a las asociadas de por sí al oficio. Y vencerlas. Sobre el Barcelona, acostumbrado a navegar en nubes de algodón desde hace tiempo, se sitúa ahora un signo de interrogación. El caso no tiene por qué tener efectos nocivos en el desarrollo del juego o el ambiente, pero no se puede asegurar lo contrario (en otros equipos sí los han tenido). No hay antecedentes en la casa sobre los que levantar teorías, por lo que se abre un periodo experimental ante el que conviene mantener los ojos abiertos. También ante la reacción de la grada.

Hay más. A un equipo como el Barcelona nadie le dice que no. No por supuesto uno de sus jugadores principales, de los que gozan de minutos, cariño y confianza. Por ahí el rechazo de Víctor Valdés ya representa un golpe. Como poco al orgullo. Pero además, la institución está habituada a dirigir la agenda y hasta la política de comunicación de cualquier negociación. En este caso, el guardameta ha llevado la iniciativa y ha decidido el qué, el cómo, el dónde y el cuándo. Una medida respetable y hasta elegante (concede a la entidad un año y medio de margen para decidir qué hacer, si traspasarle o esperar) e incluso bienintencionada, pero que no deja en buen lugar a los gestores del Barça. Si algo se deduce de lo ocurrido es que Valdés desconfía de sus jefes actuales, del uso que pudieran hacer de una información tan delicada. Así que en vez de conceder al club la palabra (para hacerla pública cuando le interesara institucionalmente), el jugador ha impuesto un revelador ‘deja, ya lo cuento yo’. Y así evita un uso perverso o manipulado de su adiós o de la limpieza de sus motivos, no fuera a ser que alguien filtrara que lo que mueve sus ansias de fuga son el despecho o el dinero.

Con el paso adelante de Valdés, el Barça queda atado de pies y manos. Está obligado a comprender y agradecer la frontalidad del jugador, incluso su generoso manejo del  calendario, pese a ser el perjudicado. A sonreír frente al agujero que representa su marcha (no es sencillo encontrar un sucesor apto para una portería futbolísticamente tan particular) y a la avería evidente que provoca en su tesorería el anuncio precipitado (conocida su necesidad, cualquier portero vale unos cuantos millones de euros más para el Barça que hace una semana, muchos más que si su urgencia hubiera podido ser manejada con discreción). No tendría excusa el directivo culé ni para torcer éticamente el gesto: igual que el club se desentiende si quiere de un jugador al término de su contrato, el futbolista tiene derecho a hacer lo mismo (otros no esperan y fuerzan antes su salida; que le pregunten al Arsenal por Cesc).

Lo extraordinario es que el conjunto catalán no está acostumbrado a sufrir en sus carnes lo que para otros (y muchas veces por culpa precisamente de los azulgranas) es el pan de cada día. Cómo le afecte al Barça equipo y al Barça institución el caso es una incógnita. Lo que es una realidad es que el futbolista quiere irse y que para evitar malentendidos ha decidido comunicarlo y explicarlo en primera persona.  Y ésas son las preguntas principales que tienen en el Camp Nou sobre la mesa. ¿Qué ha pasado para que un futbolista mayor de repente decida no querer seguir en el Barcelona todopoderoso? Y sobre todo: ¿Por qué no se fía de que lo cuenten ustedes?


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